Lomé mes a mes
Con unos 830 mm al año y unos 59 días de lluvia, esta capital tropical es mucho más seca de lo que su latitud sugiere.
01 Una costa más seca de lo que parece
Estamos en el golfo de Guinea, a seis grados del ecuador, y lo lógico sería esperar selva. Lo que hay es sabana. Lomé se encuentra dentro del llamado corredor seco de Dahomey, una franja de unos 200 kilómetros de ancho que separa los bosques guineanos en dos bloques y que llega hasta la costa.
La explicación es geométrica. Aquí el litoral corre de nordeste a suroeste, casi paralelo a los vientos húmedos del oeste, que pasan de largo en lugar de descargar. El resultado son unos 830 mm de lluvia al año repartidos en unos 59 días, menos de la mitad de lo que necesitaría un bosque tropical.
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02 Dos temporadas, no una
La lluvia no viene en un solo bloque. La temporada grande va de abril a junio y culmina con unos 180 mm y catorce días de precipitación en junio. Después hay una segunda, más corta y suave, entre septiembre y octubre, que cierra el año húmedo con unos 100 mm en octubre.
Entre ambas y después de ellas, la ciudad se seca. De noviembre a febrero apenas caen unos 57 mm en total, y diciembre y enero suman menos de dos días de lluvia entre los dos. Es un contraste enorme dentro de un mismo año.

03 El descanso de agosto
La particularidad local es agosto. Justo cuando en otras partes de la región llueve, aquí la precipitación cae a unos 30 mm y las temperaturas tocan su mínimo anual: 28,9 °C de máxima y 23,4 °C de mínima. Es la pequeña estación seca de esta costa.
No es un mes luminoso: la pausa llega con cielos grises y aire cargado, y todavía se cuentan unos siete días con alguna precipitación. Pero cae poco agua, se camina mejor y el calor deja de ser el factor dominante del día.

Los momentos clave de un vistazo
Prácticamente sin lluvia y con los cielos más estables del año.
El mes menos caluroso, con poca lluvia aunque con cielo gris.
Aún transitable, pero la humedad y los chubascos van subiendo.
Más de 300 mm entre los dos meses y calles complicadas.
04 Veredicto
Ve entre noviembre y febrero. Hace calor —las máximas rondan los 33 °C— pero el agua desaparece del calendario y la ciudad se recorre sin sobresaltos. Si prefieres temperaturas más suaves y no te importa el cielo cubierto, agosto es la alternativa inteligente.
Mayo y junio son los meses que conviene evitar: concentran más de un tercio de la lluvia anual, complican el drenaje urbano y reducen las excursiones fuera de la capital a una apuesta sobre el pronóstico.

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