Nuakchot mes a mes — de un vistazo
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01 Ocho días y noventa y cinco milímetros
Los momentos clave de un vistazo
31,0 °C de día y humedad en el mínimo anual: 35 %.
29,1 °C de máxima y 14,5 de mínima, la más baja del año.
36,1 °C de día, 25,8 de noche y 69 % de humedad a la vez.
282 horas de sol, el máximo del año, con 34,3 °C de máxima.
Con esos números, planificar por lluvia carece de sentido. Da igual el mes: la probabilidad de que un aguacero te estropee un día es mínima, y en la mitad seca del año es prácticamente nula. Es un calendario liberador, porque elimina de un plumazo la variable que domina la planificación en casi cualquier otro destino.
El sol acompaña esa sequedad con 2.946,7 horas al año, una media de 8,1 diarias, y muy bien repartidas: el mes con menos sol es diciembre con 217 horas y el que más, mayo con 282. Menos de un tercio de diferencia entre el máximo y el mínimo, frente al factor tres o cuatro que se ve en climas tropicales.
02 El mar que enfría el Sáhara
Una capital dentro del Sáhara cuya máxima media no llega a los 37 grados en ningún mes. La explicación está en el agua, no en el aire.
La segunda singularidad de este clima es térmica. Nuakchot está en pleno desierto, pero la máxima media va de 29,1 grados en enero a 36,7 en octubre: nunca llega a 37. En el interior del Sáhara, a la misma latitud, las medias de verano son sensiblemente más altas.
El responsable es el océano. Frente a esta costa circula la corriente fría de Canarias, que baja la temperatura del agua y, con ella, la del aire que entra desde el mar. El efecto se ve mejor que en ningún sitio en julio: es el mes con la máxima media más baja del semestre cálido, 32,4 grados, justo cuando el interior está en su punto más caliente.

La contrapartida está en los récords, que recuerdan dónde estás. El máximo absoluto de la serie es de 47,5 grados, registrado en abril y en julio, y el mínimo de 3,9 en enero. Las medias son suaves para un desierto; los extremos, no.
03 La variable que sí importa
Si la lluvia no decide y la temperatura está contenida, ¿qué queda? La humedad relativa, que en esta ciudad se mueve muchísimo y es lo que de verdad separa un mes agradable de uno pesado. La media anual es del 52 %, pero va del 35 % en diciembre al 72 % en agosto.
La combinación importa más que cada dato por separado. Octubre tiene la máxima media más alta del año, 36,7 grados, pero con un 55 % de humedad. Septiembre baja a 36,1 pero sube al 69 %, y añade una mínima media de 25,8: no refresca de noche. Ese es el mes más incómodo del calendario, aunque no sea el más caluroso.

Hay un factor más que no aparece en ninguna tabla y que conviene tener presente: el polvo. La calima puede blanquear el cielo durante días seguidos, reducir la visibilidad y cubrirlo todo de una capa fina de arena. No cancela un viaje, pero cambia bastante las fotografías y molesta si eres sensible de vías respiratorias.
04 Qué mes elegir
La ventana buena es el invierno boreal, y es amplia. De noviembre a marzo la máxima media va de 29,1 a 34,0 grados, las noches quedan entre 14,5 y 19,7, y la humedad se mantiene entre el 35 % y el 43 %. Enero y diciembre son los dos mejores meses: aire seco, calor manejable y noches frescas.
Marzo todavía funciona muy bien —33,5 grados y 43 % de humedad, con 260 horas de sol— y es probablemente el mejor compromiso si además quieres días largos. Abril y mayo son transitables: 34,8 y 34,3 grados, pero con la humedad ya subiendo al 49 % y al 54 %.

Los meses a evitar son de junio a septiembre, y el motivo no es la lluvia sino la combinación de calor y bochorno. Agosto y septiembre tienen humedades del 72 % y el 69 % con mínimas medias de 25,4 y 25,8: son las únicas noches del año que no refrescan. Octubre es el mes bisagra y ya se lleva bastante mejor, con la humedad de vuelta en el 55 %.

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