01 Cuatro estaciones que no se parecen
La lluvia sigue un patrón todavía más extremo. El total anual es de 1.417,9 mm, pero su reparto es desigualísimo: julio solo acumula 414,4 mm y agosto 348,2 mm. Sumando junio, julio y agosto salen 892,1 mm, es decir, el 63% de toda la lluvia del año en tres meses. El invierno, en cambio, aporta alrededor de un 5%.
Y una tercera capa: la nieve. Seúl registra una media de 23,9 días de nieve al año, concentrados en diciembre, enero y febrero, con siete días de media solo en enero. No es una ciudad donde nieve de forma excepcional; es una ciudad donde nieva todos los inviernos.
02 El jangma, o por qué julio no compensa
Julio recibe casi ocho veces más lluvia que octubre, y con quince grados más de humedad encima.
El causante tiene nombre propio: el jangma, la estación de lluvias asociada al frente monzónico de Asia oriental. El frente alcanza toda la península hacia mediados de junio y suele desplazarse al norte entre mediados y finales de julio. En la práctica, eso significa un mes largo —normalmente de finales de junio a finales de julio— con lluvia persistente y una humedad muy alta.
Agosto no resuelve el problema: sigue lloviendo mucho (348,2 mm) y además es el mes más caluroso del año. La combinación de treinta grados de máxima con humedad alta es, en la práctica, la peor condición del calendario para caminar por la ciudad.

03 Octubre, la ventana clara
Si solo puedes elegir un mes, elige octubre. Las cifras lo dicen sin ambigüedad: 52,2 mm de lluvia en todo el mes —una octava parte de lo que cae en julio—, máximas medias de 20,2 °C y mínimas de 10,6 °C. Es decir, tiempo estable, temperatura de chaqueta ligera y sin la humedad del verano.
A eso se suma el follaje de otoño. En Seúl el color suele empezar hacia mediados de octubre y alcanzar su punto álgido entre la última semana del mes y los primeros días de noviembre. En Bukhansan, por altitud, la montaña se tiñe antes que la ciudad de abajo, así que un mismo viaje puede coger las dos fases si se organiza bien.
Un aviso honesto: en los últimos años el pico se ha ido retrasando respecto a la media histórica por unos septiembres y octubres más cálidos. Conviene tratar las fechas del follaje como una ventana móvil y consultar las previsiones oficiales antes de cerrar el viaje, no como una cita fija en el calendario.
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04 Primavera: flor y polvo
Abril y mayo son la segunda buena ventana. La floración de los cerezos en Seúl suele empezar hacia el 3 de abril y alcanzar la plenitud alrededor del día 10, más o menos una semana después. Las temperaturas acompañan: 17,9 °C de máxima media en abril y 23,6 °C en mayo, con una lluvia todavía moderada (72,9 y 103,6 mm).

La contrapartida de la primavera es la calidad del aire. Seúl registró una media de 8,9 días de polvo amarillo al año en el periodo 1991-2020, y más de la mitad se concentran en solo dos meses: 2,2 días en marzo y 3,1 en abril. En los episodios más intensos, la media diaria de partículas finas ha llegado a los 129 microgramos por metro cúbico.
No es motivo para descartar la primavera, pero sí para llevar mascarilla filtrante en la maleta y consultar el índice de calidad del aire por la mañana, igual que consultarías la previsión de lluvia. Si tienes problemas respiratorios, marzo es el mes que más conviene evitar.
05 Invierno: frío seco y palacios vacíos
El invierno de Seúl es duro pero muy seco: enero acumula apenas 16,8 mm de precipitación, el mes con menos agua del año. Eso significa cielos despejados con frecuencia y una luz excelente, a cambio de máximas de 2,1 °C y mínimas de −5,5 °C.
Si vas bien equipado, tiene ventajas reales: los palacios sin colas, las montañas nevadas a media hora en metro y una ciudad cuyos interiores están preparados para el frío mejor que casi ninguna otra, con suelo radiante en prácticamente todos los edificios. El frío de Seúl se pasa dentro, y dentro se está muy bien.
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