Sucre mes a mes, de un vistazo
Pasa el cursor por cada mes para ver el resumen. Haz clic para fijarlo.
Hay destinos donde la pregunta de cuándo ir se responde con un termómetro. Aquí no sirve: la máxima media más baja del año es de 20,7 grados y la más alta, de 23,2. Dos grados y medio de diferencia entre el mes más fresco y el más cálido, y eso es todo.

01 Una primavera de doce meses
La ciudad está a unos 2.750 metros en un valle abrigado, y esa combinación de altitud y latitud tropical produce el clima que aquí llaman de primavera permanente. Los datos lo confirman: máximas entre 20,7 y 23,2 grados durante todo el año.
Donde sí hay variación es de noche. Las mínimas medias van de 10,6 grados en enero a 4,1 en julio, así que el invierno austral trae madrugadas frías aunque las tardes sigan siendo templadas. La amplitud diaria, no la estacional, es la que manda.
La consecuencia práctica para la maleta es sencilla: da igual el mes, siempre hay que llevar capas. Camiseta a las tres de la tarde y abrigo a las siete es la norma de todo el año.
Los momentos clave de un vistazo
5,2 milímetros en todo el mes y tardes de 21,7 grados.
1,5 milímetros de lluvia, pero madrugadas de 4,5 grados.
22,6 grados de máxima, noches suaves y todavía poca lluvia.
148 milímetros: el mes más lluvioso del año con diferencia.
02 Lo único que cambia es la lluvia
El año se parte en dos mitades muy claras. De diciembre a marzo cae casi toda el agua: enero suma 148 milímetros, diciembre 106 y febrero 120. De mayo a septiembre, en cambio, la lluvia prácticamente desaparece, con junio en 1,5 milímetros y julio en 3,3.
La lluvia de la temporada húmeda no suele ser de día entero. Son tormentas de tarde que se forman sobre los cerros y descargan en un par de horas, con mañanas que empiezan despejadas casi siempre.
Eso hace que la mitad húmeda sea perfectamente viable si organizas el día por la mañana. Lo que no conviene es dejar para la tarde una excursión que dependa de pistas de tierra, que con el agua se complican.

03 La estación seca y sus dos caras
De mayo a septiembre el cielo se queda limpio semana tras semana. Es la época de más luz, la mejor para ver la ciudad blanca en su punto y la única con garantías para cualquier plan al aire libre.
La contrapartida es la temperatura nocturna y el polvo. En junio y julio las madrugadas rondan los cuatro grados, muchos alojamientos antiguos no tienen calefacción y el campo alrededor se vuelve pardo y seco.
Si tuviera que elegir un mes dentro de esa mitad, sería septiembre: la lluvia todavía es escasa, con 26,5 milímetros, las noches ya no bajan de siete grados y el paisaje empieza a recuperar color.

04 La altitud, que aquí sí se lleva bien
Conviene decirlo porque mucha gente lo pregunta: a 2.750 metros la altura se nota, pero bastante menos que en otras ciudades del país situadas por encima de los 3.600. La mayoría de los viajeros se adapta en un día o dos.
Por eso esta ciudad funciona muy bien como primera parada para aclimatarse antes de subir más. Llegar aquí, quedarse unos días y después seguir hacia zonas más altas es una secuencia razonable.
Lo que sí conviene es tomárselo con calma las primeras cuarenta y ocho horas: caminar despacio por las cuestas del casco, beber agua y dejar las excursiones de esfuerzo para el tercer día.
Aquí no se elige el mes por el termómetro: se elige por cuántas tardes vas a tener el cielo abierto.

05 Cómo elegir
Si quieres seguridad meteorológica, ve entre mayo y septiembre, y dentro de esa horquilla apunta a septiembre por las noches más suaves. Si te da igual mojarte alguna tarde y prefieres el paisaje verde, la ventana de diciembre a marzo te da la ciudad con menos gente.
Y en cualquier caso, lleva capas. Es la única recomendación que sirve los doce meses en una ciudad donde entre la tarde y la madrugada puede haber quince grados de diferencia.



