La ciudad recibe 511,5 milímetros de precipitación al año y 2.046 horas de sol, cifras de clima continental moderado. Pero el reparto no se parece al de casi ninguna otra ciudad de latitud similar, y ese reparto invierte por completo la lógica con la que solemos elegir fechas.

01 La lluvia va al revés

Los números en fila: 16,4 milímetros en enero, 18,2 en febrero, 29,1 en marzo, 63,8 en abril, 82,9 en mayo, 84,0 en junio, y a partir de ahí baja otra vez: 41,6 en julio, 39,4 en agosto, 34,8 en septiembre. Es una curva con un pico a finales de primavera y un valle en pleno invierno, justo lo contrario del Mediterráneo.

02 El invierno es seco y oscuro

Panorámica muy apaisada del valle en invierno, con las laderas de matorral pardo y sin hojas a los dos lados, el río gris azulado en el centro y la ciudad extendiéndose por el fondo hasta las montañas nevadas del horizonte.
El valle en invierno: laderas peladas, el río en el centro y la sierra al fondo. Llueve poquísimo, pero la luz dura ocho horas y media.Roman Geber / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Enero y febrero son los meses menos lluviosos del año, y eso puede sonar a buena noticia. No lo es. Enero suma 99 horas de sol en todo el mes y diciembre solo 93: es decir, unas tres horas de sol al día. Poca lluvia no significa cielo despejado; significa nubosidad estable sin precipitación.

Y hace frío de verdad para una ciudad que solemos imaginar templada: 6,9 grados de máxima media en enero y −0,6 de mínima, con heladas nocturnas habituales. En una ciudad de cuestas empinadas y escaleras al aire libre, eso condiciona el paseo mucho más que la lluvia.

03 El valle recalienta el verano

Vista del casco antiguo desde el otro lado del río, con la avenida de la orilla llena de coches, casas de tejados rojizos trepando por la ladera, la fortaleza en lo alto y los cables de un teleférico cruzando el cielo.
El fondo del valle, con el tráfico pegado al río y la ciudad trepando la ladera. En agosto, ese embudo llega a 31,9 grados.GeoO / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

El verano tiene el sol que falta en invierno —256 horas en julio y 248 en agosto— y bastante menos lluvia que mayo o junio. El problema es el calor y, sobre todo, dónde se acumula: la ciudad ocupa un valle estrecho con laderas a los dos lados, y ese embudo retiene el aire caliente en el fondo, justo donde está el centro histórico.

En julio hay 256 horas de sol y en diciembre 93. Es la misma ciudad con menos de la mitad de luz.

A cambio, el desnivel juega a favor: hay casi cuatrocientos metros entre la cota más baja y la más alta del municipio, y subir a las laderas cambia de verdad la temperatura. Es la razón práctica por la que, en verano, conviene organizar el día al revés: barrio bajo a primera hora y altura por la tarde.

04 La ventana de septiembre

Ladera con la fortaleza de piedra en lo alto y casas de tejados rojos y galerías de madera bajando en cascada por la pendiente, bajo un cielo completamente cubierto de gris uniforme.
Un día cerrado de los muchos que trae el otoño avanzado. La ventana buena es corta: entre el calor de agosto y las nubes de noviembre.Ymblanter / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Septiembre es el mes que resuelve la contradicción del calendario. Tiene 26,2 grados de máxima y 15,9 de mínima, que es exactamente la horquilla para caminar todo el día y cenar fuera de noche; 34,8 milímetros de lluvia, menos que abril, mayo y junio; y 206 horas de sol, ocho veces más que las de un mes de invierno.

Octubre es la segunda opción y tiene su propio argumento: 20,0 grados de máxima, arbolado en color y 46,3 milímetros, algo más de agua pero repartida. A partir de noviembre la luz se desploma —103 horas— y la ciudad entra en su tramo gris, que dura hasta marzo.

05 El veredicto

Septiembre, y con margen. Es el único mes que junta temperatura cómoda, poca lluvia y luz abundante, y encima cae fuera del pico de calor y del pico de precipitación. La segunda quincena es todavía mejor que la primera, porque el calor de agosto ya ha aflojado del todo.

Y el consejo que corrige el error más común: no vengas en mayo por la temperatura. Sobre el papel, 23,7 grados de máxima parecen el mes perfecto, pero mayo es el segundo mes más lluvioso del año, con 82,9 milímetros. En esta ciudad, la columna que hay que mirar primero no es la del termómetro: es la del pluviómetro.

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Ana Larrea

Editora de When To Go · Flowtravel

Ana convierte datos de clima y calendarios locales en decisiones de viaje.