01 Ochenta y ocho islas
El aislamiento explica buena parte de la historia. No hay puentes, no hay aeropuertos y los canales son poco profundos y muy cambiantes con la marea, de modo que llegar a las islas siempre ha sido cuestión de barco y de conocer el agua. Esa dificultad ha preservado formas de organización que en el continente se han ido diluyendo.
Y explica también la escala: de las ochenta y ocho islas, solo una parte está habitada de forma permanente. El resto son bosques, palmerales, manglares y playas a las que se llega en piragua, y que en muchos casos se usan de manera estacional en lugar de vivirse todo el año.

02 La línea materna
El detalle que más sorprende al viajero es el del matrimonio. En la sociedad bijagó es la mujer quien elige, y la elección se comunica con un gesto concreto: se deja un plato de comida preparado en la casa del hombre elegido. Si él acepta, se lo come; y a partir de ahí el marido pasa a vivir en la casa de ella.
Cuatro clanes, y a todos se pertenece por parte de madre. El apellido, la tierra y el lugar en la comunidad no bajan del padre: bajan de ella.
Pero lo que de verdad estructura la sociedad no es esa costumbre sino el sistema de clanes. Los bijagós se organizan en cuatro clanes matrilineales, y la pertenencia se transmite siempre por parte de madre. De ahí se derivan cosas mucho más prácticas: quién hereda la tierra, quién administra los recursos de una aldea y quién tiene voz en las decisiones que afectan a la familia y a la comunidad.
Conviene decirlo sin exagerar en ninguna dirección. No es una inversión simétrica de otras sociedades ni un lugar sin desigualdades; es un sistema propio, con sus reglas, en el que la línea materna determina la pertenencia y en el que las mujeres tienen un peso en la propiedad y en la decisión que sorprende a quien llega con otras expectativas.

03 Reserva de la biosfera desde 1996
El archipiélago no está reconocido solo por su organización social. En 1996 la UNESCO lo declaró reserva de la biosfera con el nombre de Bolama-Bijagós, y su valor natural es de primer orden: manglares, sabanas, palmerales y bosque tropical repartidos en un mosaico de islas y bajíos.
Las cifras de fauna acompañan. Es el sitio más importante de África occidental para la puesta de la tortuga verde y el segundo para las aves migratorias, con alrededor de un millón de aves cada año. Y en sus aguas y sus islas viven delfines, manatíes e hipopótamos, en un entorno donde el agua salada y la dulce se mezclan.
Las dos cosas están conectadas y ese es el punto. El sistema de gestión comunitaria de la tierra y de los recursos —el que administran mayoritariamente las mujeres— es una de las razones que se citan al explicar por qué estas islas han llegado hasta hoy en el estado en que están.

04 Qué hacer con esto
Lo primero, no convertirlo en atracción. Esto no es una costumbre que se exhiba ni un recorrido que se contrate: es la manera en que están organizadas unas comunidades que viven en sus islas. Lo que corresponde al visitante es entenderlo, no ir a verlo, y desde luego no fotografiar a la gente sin permiso.
Lo segundo, ajustar la expectativa práctica. Llegar a las islas es cuestión de barco y de marea, y de hacerlo en la estación seca, entre noviembre y abril, cuando el mar está en calma y las travesías son fiables. Entre junio y septiembre todo se complica: 371 milímetros de lluvia en julio y 468 en agosto.
Y lo tercero, usar el dato para leer el país entero. Guinea-Bisáu se presenta como una capital pobre en un continente lleno de capitales pobres, y esa lectura se queda muy corta. Enfrente de esa ciudad hay un archipiélago con una organización social propia y con la mayor zona de puesta de tortuga verde de África occidental. Lo interesante no está en tierra firme.
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