Hay un hecho sobre el tequila que casi nunca se cuenta y que cambia por completo cómo se mira un campo de agave. La planta con la que se hace es una planta a la que, deliberadamente, no se deja terminar su ciclo.

No es una curiosidad de manual. De ahí salen la genética del cultivo, su fragilidad y un problema ecológico que la propia industria ha tenido que empezar a resolver.

01 Una planta que ahorra durante años

Agave azul aislado en un prado, con las hojas largas, rígidas y de color gris azulado abiertas en roseta desde el centro
Un agave azul suelto, con la roseta de hojas abierta. Todo lo que la planta fabrica durante años se almacena en el corazón, bajo las hojas.Stan Shebs / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

El agave azul es una planta monocárpica, que es la manera técnica de decir que se reproduce una sola vez en la vida y después muere. Para ese único intento necesita una cantidad enorme de energía, y la acumula despacio.

Durante años, la planta convierte lo que fotosintetiza en azúcares y los almacena en el corazón, el tallo corto y grueso que queda bajo la roseta de hojas. El proceso tarda entre siete y doce años.

Cuando el depósito está lleno, la planta lo gasta de golpe: levanta un tallo floral de varios metros, florece en lo alto, produce semilla y se agota. Ese tallo es la razón de que el cultivo funcione como funciona, pero al revés de lo que uno imagina.

02 El corte llega justo antes

Para hacer tequila hace falta exactamente lo que la planta ha guardado: azúcar. El corazón se cuece, se muele, se fermenta y se destila, y el rendimiento depende de cuánto azúcar contenga.

Y ahí está el conflicto. Si la planta florece, ese azúcar se va en el tallo y en la flor, y el corazón queda vacío. Una planta que ha florecido no sirve.

De modo que la cosecha se hace justo antes: cuando el depósito está lleno y el tallo todavía no ha salido. En la práctica, cuando el tallo empieza a asomar se corta, y la planta se recoge poco después. Ninguna planta destinada a la destilería llega a florecer.

Si la planta florece, el azúcar se va en la flor: la cosecha consiste en llegar justo antes.

03 Y por eso el campo entero es un clon

Bandeja metálica con tiras de agave cocido de color anaranjado y fibras deshilachadas, manipuladas por una mano
Agave cocido, listo para moler. El color y el sabor dulce son el azúcar que la planta llevaba años guardando para florecer.Stan Shebs / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Sin flor no hay semilla, y sin semilla hay que multiplicar la planta de otra manera. El agave lo permite: produce hijuelos, brotes que salen del pie de la planta madre y que se arrancan y se replantan.

El resultado es que cada planta nueva es genéticamente idéntica a la anterior. Un campo de agave no es una población: es un individuo repetido cientos de miles de veces, y todo el cultivo comercial desciende de un número muy pequeño de plantas originales.

Eso tiene una ventaja evidente, la uniformidad, y un riesgo que cualquiera que haya visto un monocultivo reconoce: si aparece una plaga o un hongo que afecta a esa genética, afecta a todas las plantas por igual, porque son la misma planta.

A ese riesgo se suma el tiempo. Con un ciclo de siete a doce años, una plantación afectada no se repone en una temporada: se repone en una década.

04 El animal que se quedó sin flores

La otra consecuencia está en el aire. Las flores de los agaves las visitan de noche murciélagos que se alimentan de néctar y polen, y al pasar de una planta a otra las polinizan.

En los agaves de esta región se han documentado seis especies nectarívoras, entre ellas el murciélago magueyero menor. Varias de ellas hacen rutas migratorias largas, y se desplazan siguiendo la floración de los agaves como quien sigue una hilera de estaciones de servicio.

El problema es de aritmética. Si el cultivo comercial ocupa superficies enormes y ninguna de esas plantas florece, esa hilera de estaciones desaparece justo donde antes era más densa.

Y es un círculo: sin murciélagos no hay polinización cruzada, sin polinización cruzada no hay variabilidad genética, y sin variabilidad genética la planta que sostiene la industria queda más expuesta a cualquier plaga.

05 Lo que se está intentando

Tina metálica cilíndrica destapada con una masa clara de mosto en fermentación en su interior, en el interior de una nave
Fermentación del mosto en una destilería pequeña. Del corazón cocido a la tina hay un proceso corto; el largo fue el de los años en el campo.Stan Shebs / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Desde 2016 existe una iniciativa que aborda el problema por el lado más simple: convencer a los productores de que dejen florecer un pequeño porcentaje de sus plantas. No todas, ni muchas: un porcentaje.

La contrapartida es un sello que certifica esa práctica y que se puede poner en la botella. El proyecto trabaja con marcas de tequila y de mezcal en Jalisco, Michoacán y Oaxaca, con cuatro especies de agave distintas.

La lógica económica es la que hace que funcione. Dejar florecer unas plantas cuesta dinero, porque son plantas que no se cosechan después de una década de cuidados. Pero a cambio mantiene la polinización, la variabilidad genética y, con ella, la salud a largo plazo del propio cultivo.

06 Cómo verlo cuando estés allí

Lo primero que se puede hacer es contar tallos. Recorre un campo de agave comercial y busca un tallo floral levantado: no lo vas a encontrar, y esa ausencia es exactamente el tema.

Después, mira los bordes. Los agaves que crecen fuera de la plantación, en linderos, taludes y terrenos sin cultivar, sí llegan a florecer, y su tallo de varios metros con la flor en lo alto se ve desde lejos. El contraste entre el campo y el lindero cuenta toda la historia.

Y si visitas una destilería, la pregunta útil no es cuántos años tiene el tequila en barrica, sino cuántos tenía la planta y si en esa finca se deja florecer alguna. La respuesta dice mucho más del producto que la etiqueta.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes escribe sobre lo que sostiene un lugar por detrás: los sistemas, los oficios y las reglas que casi nunca se ven.