Hay un detalle del paisaje de Capadocia que casi todo el mundo fotografía sin saber qué está fotografiando. En los cortados de los valles, muy por encima del suelo y en sitios a los que no se llega andando, hay centenares de aberturas pequeñas, rectangulares, con el marco blanco.

Parecen ventanas de viviendas abandonadas y no lo son. Son las puertas de entrada de un sistema agrícola que sostuvo la comarca durante siglos.

01 Los agujeros que no son ventanas

Roca clara con varias aberturas rectangulares pequeñas enmarcadas en blanco, y media docena de palomas volando y posadas junto a ellas
Las aberturas son la puerta de las aves, no la del propietario: miden lo justo para que entre una paloma y no entre un depredador.Peretz Partensky / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

Un palomar capadocio, güvercinlik en turco, es una cámara excavada en la toba con cientos de nichos abiertos en las paredes y el techo, cada uno del tamaño justo para que una paloma aníde. Los mayores llegaron a alojar hasta mil aves.

Al exterior solo dan dos cosas: una o varias troneras pequeñas por las que entran y salen las aves, y una portezuela de acceso para la persona, casi siempre mal situada a propósito, en un punto al que hay que llegar con cuerda o por una repisa estrecha.

La dificultad de acceso no es un descuido: es el diseño. Un palomar en un cortado vertical está a salvo de zorros, de perros y de cualquiera que quiera llevarse las aves o el contenido.

02 El problema que resolvían

Para entender por qué alguien dedica meses a excavar un palomar en un cortado hay que mirar el suelo. La comarca está cubierta de toba, una ceniza volcánica compactada que drena bien pero es pobre en materia orgánica y en nitrógeno.

Sobre ese suelo se cultivan viña y frutales, que necesitan justo lo que falta. Y aquí llueven 418 milímetros al año, con solo 70,7 entre junio y septiembre: no hay prado para mantener ganado en cantidad, así que tampoco hay estiércol animal disponible a gran escala.

El excremento de paloma resuelve las dos cosas a la vez. Es de los abonos naturales más ricos en nitrógeno, las aves se alimentan solas en el campo sin coste para el agricultor y vuelven cada noche al mismo sitio, que es donde se acumula el producto.

Dicho de otro modo: el palomar es una fábrica de abono que no consume nada y que se abastece de un recurso, las semillas del campo, que de otro modo no se aprovecha. Por eso hay miles.

Las aves se alimentan solas en el campo y vuelven cada noche al mismo sitio: el palomar recoge el abono sin gastar nada.

03 Cómo está hecho un palomar

Pared alta de toba clara perforada por decenas de aberturas rectangulares con el marco encalado, repartidas a distintas alturas
Un cortado del valle de Gomeda: cada recuadro claro marca la entrada de un palomar distinto, excavado a la altura que hacía falta para que nadie subiera.Ji-Elle / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

El interior responde a un programa muy preciso. La cámara se excava con la boca hacia una orientación que reciba sol de mañana y quede protegida del viento dominante, y las paredes se cubren de nichos escalonados para aprovechar toda la superficie.

El suelo es liso y en pendiente suave, porque es donde se acumula el material que hay que recoger. Y las troneras exteriores son estrechas y de canto vivo por la misma razón que un buzón: dejan pasar al que tiene que pasar y a nadie más.

La recogida se hacía una vez al año, normalmente al final del invierno, antes de la temporada de cría y justo cuando el abono hacía falta para la viña. El propietario entraba por la portezuela, vaciaba la cámara y volvía a cerrarla.

04 Por qué están pintados

Fachada excavada en la roca con arcos y pilastras talladas, coronada por un muro de sillares, en una ladera de toba con aberturas pequeñas alrededor
Una fachada trabajada en el valle de Güvercinlik. En algunos palomares el frente recibió más atención que muchas viviendas del mismo valle.José Luis Filpo Cabana / Wikimedia Commons / CC BY 3.0·CC BY 3.0

Lo que convierte estos palomares en algo más que un almacén es el acabado exterior. Los marcos de las troneras están encalados en blanco, y en muchos casos rodeados de motivos geométricos pintados en rojo, ocre y negro.

La explicación práctica es que la paloma localiza el nido por la vista, y una mancha clara sobre una pared de toba se ve desde lejos. El encalado es señalización, no adorno.

Pero la elaboración de algunos frentes supera con mucho lo que exige esa función. Hay palomares con arcos tallados, pilastras y cornisas, trabajados con un cuidado que en el mismo valle no siempre recibieron las viviendas.

Eso dice algo sobre el valor del sistema. Un palomar bien situado era un activo que se heredaba, se vendía y se disputaba, y su fachada lo anunciaba.

05 Qué acabó con el sistema

El final no tuvo nada de dramático. A lo largo del siglo XX, el fertilizante industrial llegó a la comarca y resolvió el mismo problema en un saco, sin excavar nada, sin mantener aves y sin subir a un cortado una vez al año.

A partir de ahí los palomares dejaron de mantenerse. Muchos siguen ocupados por palomas asilvestradas, pero el ciclo se rompió: nadie recoge, nadie encala y la lluvia va borrando la pintura de los marcos.

Queda la estructura, que es lo que se ve hoy: una red de miles de construcciones repartidas por los cortados de una comarca entera, sin función, y que la mayoría de los visitantes toma por casas.

Hay un detalle que conviene señalar sin exagerarlo: el excremento acumulado dentro de algunas cámaras ha protegido durante décadas lo que había debajo, y en varios casos ha conservado revoques y pinturas antiguas que fuera se habrían perdido.

06 Cómo verlos

El sitio evidente es el valle de Güvercinlik, cuatro kilómetros de recorrido entre Göreme y Uçhisar cuyo nombre significa exactamente eso: valle de los palomares. Se camina por el fondo y las aberturas quedan arriba, a ambos lados.

Pero lo interesante es que no están solo ahí. Una vez que sabes qué estás buscando, aparecen en casi todos los valles de la provincia y en los cortados que hay detrás de los pueblos. Conviene llevar prismáticos: los marcos pintados solo se aprecian de cerca.

Y la comprobación que cambia la mirada es de altura. Fíjate dónde está la portezuela de acceso de cada palomar y calcula cómo se llegaba hasta ella. La respuesta, casi siempre, es que alguien subió con una cuerda para recoger un saco de abono.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes escribe sobre lo que sostiene un lugar por detrás: los sistemas, los oficios y las reglas que casi nunca se ven.