El kava es una bebida hecha con la raíz machacada de una planta de la familia de la pimienta, Piper methysticum, mezclada con agua. Se bebe en toda Melanesia y en Vanuatu es central. El sitio donde se bebe se llama nakamal, una palabra que en el archipiélago significa a la vez casa de reunión y, en la ciudad, local donde se sirve kava.

Fachada de un local al anochecer con un cartel pintado a mano que dice CENTER BLONG GRIN KAVA y tres números de teléfono debajo; por las ventanas de abajo se escapa una luz verdosa y a la derecha otro cartel dice KAVA ON SALE.
Un nakamal en el momento en que abre: el cartel en bislama, los teléfonos pintados a mano y la luz encendida dentro.Michael Coghlan / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

01 La luz de la puerta

La entrada de un nakamal suele estar marcada por una luz tenue o un farol. No es un adorno: la bombilla encendida indica que el local está abierto y que hay kava recién preparado. Cuando se acaba, se apaga. Por eso los nakamales no necesitan horario escrito y por eso, si llegas tarde, puedes encontrarte con que un sitio abierto hace media hora ya no lo está.

La costumbre ha acabado dándoles nombre. Hay locales que se llaman directamente por el color de su luz, y otros se identifican por tres luces de colores distintos en la entrada. Los carteles, cuando existen, están pintados a mano y en bislama: «grin kava» significa kava verde, es decir, kava fresco, hecho con raíz recién machacada y no con polvo.

Construcción baja con cubierta de hoja de palma detrás de una valla metálica, con un cartel de madera pintado a mano que dice HARBOUR VIEW KAVA BAR y una bombilla amarilla montada encima del cartel.
La bombilla va encima del cartel, no dentro del local: se ve desde la carretera y se enciende cuando hay kava listo.Michael Coghlan / CC BY-SA 2.0·CC BY-SA 2.0

02 La concha es la unidad

El kava no se sirve en vasos sino en media cáscara de coco o en un cuenco pequeño, y a esa medida se le llama, en inglés local, shell: concha. En un estudio de finales de los ochenta la concha grande, de unos 100 mililitros, costaba 100 vatus y la pequeña, 50. Esa lógica sigue vigente: se pide por tamaño, el número que se dice es el precio en vatus, y el pago es en efectivo.

Se bebe de un trago, sin pausas, porque el sabor no mejora con el tiempo. Después se sale un momento fuera. El efecto es sedante y llega en minutos: relaja los músculos, adormece la lengua y baja el volumen de todo, incluida la conversación. Por eso el silencio del nakamal no es una norma de cortesía impuesta: es en buena medida una consecuencia.

Existe la versión para llevar. Se vende embotellada en plástico, en formatos de unos 350 mililitros, aproximadamente el equivalente de una concha grande, y una parte de la clientela —sobre todo mujeres, según los estudios sobre el consumo urbano— la compra para beberla en casa en vez de sentarse en el local.

Botella de plástico transparente de unos 350 mililitros, con tapón azul, llena de un líquido turbio y clara, y una etiqueta amarilla que dice VANUATU FRESH KAVA JUICE y, debajo, Port Vila.
La versión para llevar: 350 mililitros embotellados en Port Vila, el equivalente aproximado de una concha grande.Ib0ga / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

03 De un puñado a un barrio entero

Esto es reciente. En 1980, cuando Vanuatu se convirtió en país, en Port Vila apenas había un puñado de nakamales y la bebida urbana dominante era la cerveza importada. Diez años después ya había más de sesenta repartidos por la ciudad, en una capital que entonces tenía unos 20.000 habitantes sobre una población nacional de 145.000.

Las cifras del consumo de aquella época explican la escala: una encuesta de 1987-88 calculó que los nakamales urbanos consumían 400 toneladas de raíz al año y que a cada hombre de más de veinte años de Port Vila le correspondían, de media, 321 conchas anuales. Casi una por día. La licencia para abrir un nakamal costaba entonces unos veinte dólares al año, lo que ayuda a entender por qué se multiplicaron tan deprisa.

Hoy la ciudad tiene 49.034 habitantes y los nakamales están repartidos por todos los barrios de las cuestas, no en la franja turística del puerto. Encontrarlos no requiere una dirección: requiere caminar por una calle residencial a las seis de la tarde y mirar las entradas.

Casa baja de una planta con tejado de chapa ondulada y paredes azules, rodeada de setos y árboles, con más tejados y una antena de telefonía en la ladera del fondo.
Los barrios de las cuestas, por encima del puerto: los nakamales están aquí, no en el paseo marítimo.Julie Lyn / CC BY 2.0·CC BY 2.0

04 Por qué la ciudad bebe distinto que la isla

En las islas, el kava se cultiva casi universalmente y circula como regalo: los hombres adultos se reúnen al final de la jornada, la preparación forma parte de la ocasión y el reparto sigue las relaciones de parentesco. No hay precio.

En la ciudad, el nakamal prepara en cantidad, cobra y atiende a cualquiera que entre, tenga o no relación con la casa. El bislama tiene una palabra para marcar esa diferencia: «redimed», del inglés ready-made, que designa el kava comercial preparado de antemano frente al de las variedades de uso consuetudinario. La palabra existe porque a alguien le pareció necesario distinguir.

Esa es la razón por la que el nakamal urbano es interesante para quien visita la ciudad. No es una versión turística de una ceremonia: es una institución nueva, nacida en la capital en los últimos cuarenta y cinco años, que resuelve en una ciudad con 138 lenguas de origen el problema de dónde se sientan juntos por la tarde vecinos que no comparten pueblo ni familia.

05 Lo que conviene no hacer

No conducir después. El efecto es sedante y afecta a la coordinación; si has ido en coche de alquiler, deja el coche o vuelve en taxi. No hacer fotos con flash dentro: el sitio está a oscuras por una razón. No llevar la conversación de fuera dentro; la gente va al nakamal precisamente a bajar el ritmo.

Y una advertencia útil sobre el orden del día: como el kava se prepara para la tarde y se acaba, el nakamal no funciona como plan de medianoche. Se llega pronto, se está un rato y se cena después. Si se hace al revés, es fácil encontrar todas las luces apagadas.

Cómo funciona una ronda
  1. Busca la luz, no el cartel
    Muchos nakamales no tienen nombre visible desde lejos, pero sí una bombilla o un farol encendido en la entrada. Encendido significa abierto y con kava recién preparado.
    desde el ocaso
  2. Pide por tamaño y paga en efectivo
    La unidad es la concha. Se pide por su tamaño, y el número que se dice es el precio en vatus. Lleva billetes pequeños: no hay tarjeta.
    solo efectivo
  3. De un trago y fuera
    La concha se bebe entera y sin pausa, porque el sabor es amargo y terroso. Después se sale un momento al patio o a la calle, se escupe y se espera a que haga efecto.
    un minuto
  4. Baja la voz
    El nakamal es un sitio tranquilo: luz baja, conversación en voz baja y nada de música alta. Si llegas hablando fuerte, se nota inmediatamente.
    norma no escrita

Para quien prefiera un primer contacto más cómodo, la oficina de turismo del país señala tres sitios de Port Vila accesibles para visitantes: Waterfall, junto al paseo del centro, con puestos de comida al lado; Banyan Beach Bar, en la playa, donde se sirve kava con tapas; y Kava Lounge, en la zona de Nambatri, con un ambiente de nakamal más tradicional. No sustituyen a un local de barrio, pero son un buen sitio para probar la primera concha.

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LM

Lucía Montes

Editora de Worth Knowing · Flowtravel

Lucía Montes persigue el dato que cambia la forma de mirar un lugar y lo explica hasta el final.