Honiara está entera en la única franja llana de Guadalcanal.
Veintidós kilómetros cuadrados entre el mar y una pared de cordales que sube en cuanto se acaban las casas. La capital de las Islas Salomón se estira de este a oeste porque no tiene hacia dónde más crecer, y esa misma pared es la que la deja seca.

01 Veintidós kilómetros cuadrados
La ciudad ocupa 22 kilómetros cuadrados y en el censo de 2019 tenía 129.569 habitantes. Eso da 5.950 personas por kilómetro cuadrado: la densidad más alta del país, en un archipiélago cuya media nacional es de 24.
El reparto interno enseña la forma. Honiara Este suma 9,61 kilómetros cuadrados y 54.470 habitantes; el centro, 7,79 y 39.040; el oeste, 5,98 y 36.059. Tres tramos alineados uno detrás de otro a lo largo de la costa, no tres coronas alrededor de un núcleo.
Y la ciudad sigue llenándose. Entre 2009 y 2019 creció un 5,8 % anual, unas 5.700 personas al año, y es con diferencia el sitio que más crece del país. Como la repisa no da más de sí, lo que llega se va hacia arriba.

02 La pared que además la seca
Detrás de las últimas casas el terreno sube deprisa. El cordal de Mount Austen se levanta a unos 460 metros justo encima de la ciudad, y más adentro la isla sigue subiendo hasta el monte Popomanaseu, de 2.335 metros, el punto más alto del país.
Esa pared hace algo más que estrechar la ciudad: la seca. El alisio del sureste llega cargado a la costa contraria, descarga en las laderas del interior y baja ya exprimido sobre Honiara. La capital recibe alrededor de 2.000 milímetros de lluvia al año; buena parte del archipiélago, entre 3.000 y 5.000.
El nombre de la ciudad viene justo de ahí. Honiara procede de nagho ni ara, que se traduce como «el lugar del viento del este» o «de cara al viento del sureste» en la lengua ghari de Guadalcanal. La ciudad se llama como el viento que la montaña le quita.

03 El río que parte la ciudad
El Mataniko baja de esos cordales y desemboca en mitad de la ciudad. No la bordea: la parte. En su orilla está Chinatown, una hilera de tiendas y almacenes de fachada corrida que es el barrio más reconocible de Honiara.
Como la ciudad es una línea y el río la cruza, el puente del Mataniko concentra todo lo que va de un lado al otro. Al este del río empieza el tramo más poblado —Kukum, Naha, Vura, Panatina—, que es también el que más ha crecido.
Once kilómetros más al este corre el Lunga, un río bastante mayor, y justo al otro lado está el aeropuerto internacional. Entre medias se abre la llanura: la única superficie de verdad plana y ancha de esta costa, y la razón de que la pista esté donde está.

04 Una capital sin isla detrás
Guadalcanal no tiene una carretera que la rodee ni una que la cruce hasta la costa sur. Desde Honiara se conduce unas cuantas horas hacia el este y hacia el oeste por la costa norte, y ahí se acaba: a la costa del sur, la que recibe el viento de cara, se llega en barco o en avioneta.
Así que la capital funciona menos como centro de su isla que como puerta de su país. El puerto de Point Cruz es la entrada internacional y mueve contenedores de veinte pies; de ahí salen también los barcos semanales a Malaita y a la Provincia Occidental.
La administración se instaló aquí a principios de 1952 —los edificios de gobierno abrieron en enero— porque en esta franja ya había pistas, muelles y carreteras levantadas pocos años antes. La ciudad no eligió el sitio: heredó el que ya estaba hecho.

05 Cómo se recorre
Todo pasa por Mendana Avenue. Es la calle que sigue el frente marítimo y ordena el centro: los bancos, las tiendas de dos plantas con los bajos abiertos, el correo, el museo y el mercado central.
No hay tren ni tranvía. El transporte urbano son minibuses privados que hacen la línea de punta a punta y taxis, y el aeropuerto queda a once kilómetros por la Kukum Highway, el eje que enhebra la ciudad con la llanura del este.
Un detalle que conviene saber antes de buscar una playa urbana: el frente de la ciudad es muro, grava y muelle, y junto al parque infantil del extremo oriental la costa ha retrocedido entre seis y ocho metros. Honiara mira al mar todo el rato, pero no se baña en él.
Es una capital que se lee entera caminando en línea recta, con la montaña siempre a la espalda y el agua siempre al mismo lado. Nada aquí está lejos: sencillamente, está antes o después.




