Destino

La fundaron cincuenta y dos personas liberadas en 1849.

La marina francesa apresó un barco negrero brasileño, el Elizia, y en 1849 asentó a cincuenta y dos de las personas liberadas en esta orilla del estuario. Al sitio lo llamaron Libreville, «ciudad libre», calcando el nombre de Freetown. Hoy vive aquí alrededor de un tercio de la población de Gabón, en un país que es bosque en un ochenta y ocho por ciento.

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El frente marítimo visto desde el aire: la mitad izquierda del encuadre la ocupa un mar liso y de color pardo grisáceo que se funde con el cielo en una calima blanca sin horizonte definido; una franja de arena clara y roca oscura separa el agua de una avenida ancha de doble calzada que recorre la costa en curva; a la derecha, la ciudad se extiende en manzanas apretadas de edificios de cuatro a diez plantas en blanco, ocre, verde y azul, con torres de oficinas dispersas y sin ningún gran hito que sobresalga, hasta perderse en la bruma del fondo.
El frente marítimo visto desde el aire: la mitad izquierda del encuadre la ocupa un mar liso y de color pardo grisáceo que se funde con el cielo en una calima blanca sin horizonte definido; una franja de arena clara y roca oscura separa el agua de una avenida ancha de doble calzada que recorre la costa en curva; a la derecha, la ciudad se extiende en manzanas apretadas de edificios de cuatro a diez plantas en blanco, ocre, verde y azul, con torres de oficinas dispersas y sin ningún gran hito que sobresalga, hasta perderse en la bruma del fondo.Shirmy25·CC BY-SA 4.0

01 Mil ochocientos cuarenta y nueve

Conviene retener la cifra, porque explica la escala del punto de partida. Cincuenta y dos personas. No una expedición, ni una guarnición, ni un puesto comercial con planos: cincuenta y dos personas en una costa de estuario, dentro de un territorio que era, y sigue siendo, bosque casi por completo.

De ahí a hoy hay un salto difícil de imaginar. El censo de 2013 dio 703.904 habitantes en la ciudad, y el área metropolitana se estima en torno a los 915.000 en 2026. La ciudad ocupa la orilla norte del estuario del Gabón, cerca del golfo de Guinea, y su forma sigue la línea de agua: alargada, pegada al mar, creciendo hacia dentro sin un centro monumental.

Banco público de hormigón pintado de azul, visto de frente y centrado en el encuadre, con las palabras «Ville de Libreville» en letras blancas sobre el respaldo macizo; el banco se apoya sobre una franja de césped irregular y pelado en algunas zonas, con manchas de tierra; detrás corre un murete blanco bajo con matas de hierba alta y arbustos creciendo por encima, y más allá se ve el mar, de un gris azulado uniforme, bajo un cielo cubierto por una masa continua de nubes grises y blancas; en la esquina inferior derecha aparece impresa la fecha de la cámara.
El nombre de la ciudad, escrito en un banco frente al agua. Libreville significa exactamente eso: ciudad libre.Manuel Dohmen / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0  · CC BY-SA 3.0

02 Un tercio de un país

El dato que más condiciona el viaje no es el de la fundación sino el de hoy: aquí vive alrededor de un tercio de toda la población de Gabón. En un país de superficie grande y población pequeña, eso significa que la capital no es una ciudad más, sino prácticamente el país urbano entero.

El contraste con el resto del territorio es brutal. Gabón tiene un ochenta y ocho por ciento de su superficie cubierta de bosque, la segunda proporción más alta del mundo después de Surinam. Es decir: casi toda la gente está en una franja de costa y casi todo el país está vacío de gente y lleno de árboles.

Vista aérea del barrio de oficinas del centro: en el centro se levanta una torre de unas quince plantas con las fachadas alternando vidrio verde azulado y celosía de lamas grises, coronada por una cubierta plana con un depósito circular blanco; a su derecha, un edificio más bajo de fachada acristalada verde con terrazas ajardinadas; alrededor, bloques de viviendas blancos y ocres de cuatro a ocho plantas, palmeras y árboles de copa ancha en los patios, un muro perimetral con el rótulo de una empresa minera y una avenida con coches y una furgoneta azul; el cielo es azul con nubes blancas dispersas.
El centro de negocios, con la vegetación entrando entre los edificios. La ciudad no tiene un centro histórico: tiene un centro de trabajo.Delrick Williams / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

03 La ciudad y el bosque

Esa proporción se nota en cuanto sales del asfalto. La ciudad no se degrada hacia el campo, hacia cultivos, hacia pueblos: se acaba y empieza el bosque. Basta con salir por carretera para que a los lados aparezca una pared verde continua, sin claros, que llega hasta el borde del agua.

El estuario refuerza esa lectura. La ciudad está en una orilla; en la de enfrente no hay suburbio ni polígono, hay parque nacional. Desde el paseo marítimo se mira al otro lado y lo que se ve es exactamente lo que había en 1849, porque nunca se construyó allí.

Un río ancho y de aguas quietas de color pardo grisáceo visto desde un puente: en primer plano cruza el encuadre una barandilla metálica de cuatro barras horizontales sobre un pretil de hormigón, y por debajo se ve el asfalto de la calzada y una franja de hierba seca; el agua ocupa la mitad del encuadre y refleja el cielo; en la orilla opuesta, de lado a lado, se extiende una pared continua de vegetación verde oscura sin ningún claro ni construcción, con las copas recortadas a la misma altura; el cielo es de un blanco grisáceo uniforme y sin sol.
El río a las afueras de la ciudad. En la otra orilla no hay pueblo ni cultivo: hay bosque, y así es el ochenta y ocho por ciento del país.Ballot 2 / Wikimedia Commons / CC0  · CC0

04 Cómo se visita

Con la expectativa bien puesta. Libreville no es una ciudad de visitas: no hay casco antiguo, ni conjunto monumental, ni un catálogo de museos que llene tres días. Lo que hay es un frente marítimo largo, un centro de oficinas, mercados y una vida de restaurante y terraza que funciona muy bien por la tarde.

Lo que sí hay, y es lo que justifica el viaje, es la posición. La ciudad es la puerta de un país que reservó trece parques nacionales de golpe en 2002 y que tiene enfrente, cruzando el estuario en barco, uno de ellos. Todo lo que se hace aquí de verdad empieza saliendo de la ciudad.

Y conviene saber que es un destino caro y poco visitado, con una infraestructura turística mínima. Gabón recibe muy pocos viajeros y eso se nota en cada gestión. A cambio, no vas a compartir ninguna playa, ninguna pista ni ningún mirador, y esa es una moneda que cada vez vale más.

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María Reyes

Editora de Destinos · Flowtravel

María busca en cada ciudad la decisión que explica su forma.

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  • BodyManuel Dohmen / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0Source  ·  CC BY-SA 3.0
  • BodyDelrick Williams / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0Source  ·  CC BY-SA 4.0
  • BodyBallot 2 / Wikimedia Commons / CC0Source  ·  CC0