Una capital fundada dentro de un círculo de montañas.
En 1394 se eligió este punto exacto para levantar una capital, y el criterio fue el relieve: cuatro montañas cerrando una cuenca y un río al sur. Seiscientos años después, esa decisión sigue siendo visible desde casi cualquier calle, y un parque nacional de casi 80 kilómetros cuadrados queda dentro de los límites de la ciudad.

01 Cuatro montañas y un río
Las cuatro montañas interiores siguen ahí y se identifican a simple vista desde el centro. Al norte, Bugaksan, de 342 metros, la más imponente, con su cresta de roca desnuda. Al oeste, Inwangsan, de 338 metros, reconocible por sus bloques de granito redondeado. Al sur, Namsan, de 270 metros, hoy coronada por la torre de telecomunicaciones que sale en todas las fotos. Y al este, la más modesta, Naksan, de apenas 125 metros.
Las obras del nuevo emplazamiento empezaron en octubre de 1394 y los palacios principales estaban terminados en 1395. Gyeongbokgung, el palacio principal, se colocó al pie de Bugaksan, de forma que la montaña queda literalmente detrás del trono. Es la relación más explícita entre arquitectura y relieve que se puede ver en la ciudad.

02 Una muralla que sigue las crestas
La consecuencia lógica de ese emplazamiento fue la muralla. Entre 1395 y 1396 se levantó Hanyangdoseong, un recinto de 18,6 kilómetros y entre siete y ocho metros de altura media, trazado siguiendo exactamente las crestas de esas cuatro montañas. No se dibujó un perímetro sobre un plano llano: se subió la muralla a las lomas que ya cerraban la cuenca.
Funcionó como muralla de la capital durante 514 años, de 1396 a 1910. Se abrieron ocho puertas entre 1396 y 1398, de las cuales sobreviven seis. Hubo reconstrucciones importantes a mediados del siglo XV y otra en 1704, esta última con bloques de piedra labrada de gran tamaño: si caminas por el muro, los distintos aparejos se distinguen a simple vista y permiten fechar cada tramo.
Buena parte del recinto se demolió durante la ocupación japonesa, y hoy la muralla no forma un anillo continuo. El tramo mejor conservado son los 2,3 kilómetros que suben por Bugaksan entre las puertas de Changuimun y Sukjeongmun. El conjunto es Sitio Histórico de Corea del Sur desde 1963 y figura en la lista indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO, aunque conviene precisar que no está inscrito.
03 Un parque nacional dentro de la ciudad
Más allá del anillo interior está el macizo que remata la idea. El Parque Nacional de Bukhansan ocupa 79,92 kilómetros cuadrados, se declaró el 2 de abril de 1983 y queda parcialmente dentro de los límites administrativos de Seúl. No es una excursión de fin de semana a las afueras: se llega en metro.
Sus cumbres son de granito desnudo y tienen altura de verdad: Baegundae, la mayor, alcanza los 836,5 metros; Insubong, 810,5, con una pared muy conocida entre escaladores; y Mangyeongdae, 799,5. El parque recibe unos cinco millones de visitantes al año y alberga alrededor de 1.300 especies de flora y fauna. Los senderos se cierran por turnos para permitir la regeneración del terreno.

Se repite mucho que Bukhansan tiene un récord mundial de visitantes por unidad de superficie. La cifra circula por todas partes, pero no aparece en los registros oficiales de récords, así que conviene tomarla como una afirmación muy difundida y no como un dato verificado. Lo comprobable ya es bastante: cinco millones de personas al año subiendo a un macizo de granito que empieza donde acaba el metro.
04 Veintiséis millones alrededor
La ciudad propiamente dicha tiene unos 9,6 millones de habitantes sobre 605,21 kilómetros cuadrados, lo que da una densidad de 15.828 personas por kilómetro cuadrado. Pero el dato que sorprende es otro: Seúl está encogiendo. Llegó a superar los diez millones y lleva años perdiendo población, mientras el área metropolitana crece a su alrededor.
Esa área metropolitana —Seúl, Incheon y la provincia de Gyeonggi— suma alrededor de 26 millones de personas sobre unos 12.685 kilómetros cuadrados. Es más de la mitad de la población del país en una sola conurbación, y aproximadamente la mitad de su economía. La montaña que ves desde el centro es, en la práctica, el borde de una de las regiones urbanas más pobladas del planeta.

05 Cómo se lee sobre el terreno
Sobre el terreno, la ciudad se lee mejor mirando hacia arriba que hacia los lados. Desde casi cualquier avenida del centro se ve al menos una de las cuatro montañas cerrando la perspectiva, y esa presencia constante es lo que impide que Seúl se perciba como una llanura de rascacielos sin referencias.
El río añade la segunda escala. El Han cruza la ciudad de este a oeste y la parte en dos mitades, con Namsan y el núcleo histórico al norte y los distritos más recientes al sur. Es un cauce ancho, cruzado por numerosos puentes, y funciona como el único horizonte abierto en una ciudad por lo demás muy construida.

Si tienes que elegir un solo recorrido para entender el planteamiento, sube a la muralla. Cualquier tramo sirve, pero el de Inwangsan es el más elocuente: desde arriba se ven a la vez la piedra del siglo XIV bajo los pies, el trazado del palacio abajo y los rascacielos detrás, todo dentro del mismo cuenco de montañas.
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