Este plan no es para quien busca vida nocturna, restaurantes de autor o una playa de arena blanca con hamaca. Es para quien viene por el paisaje, por el agua y por el precio, y está dispuesto a pagar el peaje real de la isla, que es el tiempo de carretera.

Arrozales verdes en terrazas amplias y poco marcadas, con una palmera alta en el centro, cerros boscosos al fondo y cielo azul con nubes blancas.
El valle de Sidemen, al pie del Agung. Los mismos bancales que en Ubud, sin la fila de coches para verlos.Paul Arps / CC BY 2.0·CC BY 2.0

01 Por qué el sur está lleno y el resto no

No es una cuestión de moda. El aeropuerto está en el extremo sur, sobre la única superficie plana y ancha de la isla, y toda la infraestructura creció alrededor. El turismo supone en torno al 80 % de la economía balinesa y se concentró donde ya había carretera, agua corriente y llano.

La consecuencia práctica es que la afluencia es un fenómeno geográfico, no cultural: se acumula en un radio corto. Basta con salir de ese radio para que el número de visitantes por kilómetro cuadrado caiga de forma drástica, sin renunciar a nada esencial del paisaje.

Cómo encaja este viaje
Escapar de la afluencia Los casi siete millones de visitantes anuales se concentran en ocho localidades del sur
Buceo desde la orilla El pecio del Liberty está a unos 30 metros de la playa y arranca a 5 metros de profundidad
Precio Alojamiento y comida cuestan una fracción de lo que valen en Seminyak o Nusa Dua
Paisaje de bancales sin cola Sidemen tiene los mismos arrozales que Ubud y una parte mínima de los visitantes
Facilidad de desplazamiento No hay autopista de circunvalación: son carreteras de un carril por sentido y trayectos largos
Playa de arena clara La costa este y norte es de arena volcánica oscura y canto rodado

02 Munduk: la base de altura

Munduk está a 1.163 metros, en las tierras altas del norte, entre plantaciones de café y cacao y sobre la zona de los lagos de cráter. A esa altitud el calor pegajoso de la costa desaparece y las noches son frescas — algo que después de unos días a treinta grados con el 80 % de humedad se agradece más de lo que parece.

Cascada estrecha que cae por una pared de roca oscura cubierta de helechos y musgo, con vegetación tropical densa a ambos lados y una poza al pie.
Una de las cascadas de Munduk. El pueblo está a 1.163 metros, y a esa altura el calor de la costa desaparece.Stefan Fussan / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

Lo que se hace aquí es caminar. La zona concentra cascadas, senderos entre cafetales y miradores sobre los lagos de la caldera. Es también el sitio donde entender de dónde sale el agua de toda la isla: aquí arriba está el bosque de cabecera y el depósito.

El precio a pagar es meteorológico. En altura llueve bastante más que en Denpasar y la nube se forma casi a diario, incluso en agosto. Si vienes buscando cielo despejado garantizado, Munduk no es tu sitio; si vienes buscando verde y temperatura soportable, sí.

03 Sidemen: los bancales sin cola de coches

Sidemen es un valle al pie del Agung con arrozales en terraza. La comparación honesta es con Ubud: el paisaje es de la misma familia, la diferencia está en cuánta gente hay mirándolo. Aquí los bancales siguen siendo campo de trabajo y no una plataforma de observación con entrada.

El valle conserva además talleres de tejido de songket y endek, telas de gran laboriosidad que se trabajan en la zona. Visitar un taller es una de las pocas ocasiones en Bali de ver un oficio funcionando a su ritmo, sin formato de espectáculo.

04 Amed y Tulamben: bucear desde la playa

La costa noreste es la parte de la isla donde el mar compensa que la playa no sea bonita. La arena es volcánica, oscura y con canto rodado, pero el arrecife arranca a pocos metros de la orilla y el agua está protegida.

Playa de arena oscura con varias barcas de pesca de balancín varadas bajo palmeras, agua turquesa muy transparente a la derecha y figuras pequeñas y lejanas junto a la orilla.
Amed: arena volcánica negra, barcas de balancín y el arrecife a pocos metros de la orilla. No es una playa de postal y por eso está tranquila.Marklchaves / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

El motivo principal está en Tulamben: el USAT Liberty, un carguero estadounidense de 120 metros hundido a unos 30 metros de la playa, en el pueblo. Se entra andando desde la orilla de arena negra; la parte más somera está a unos cinco metros y la más profunda alrededor de treinta, de modo que se puede bucear con una titulación básica y también con tubo desde la superficie. Es raro tener un pecio de ese tamaño tan accesible.

Estructura metálica sumergida cubierta por completo de coral duro y esponjas, con peces de arrecife nadando alrededor en agua azul turbia.
El casco del USAT Liberty en Tulamben, cubierto de coral. El pecio mide 120 metros y arranca a unos cinco metros de profundidad.Tilonaut / CC BY 3.0·CC BY 3.0

Amed, unos kilómetros al sur, es el pueblo donde alojarse: una sola carretera con las casas y los centros de buceo a los lados, barcas de balancín en la arena y poco más. Ese «poco más» es exactamente el argumento.

Carretera estrecha de asfalto entre palmeras y casas bajas, con un cartel blanco de un centro de buceo a la izquierda y cables cruzando por encima.
La calle principal de Amed. Todo el pueblo está sobre una única carretera, y la mitad de los negocios son centros de buceo.Alexey Komarov / CC BY 3.0·CC BY 3.0

05 Lo que cuesta hacerlo así

El peaje es la carretera. El aeropuerto está en el extremo sur, no hay autopista de circunvalación y la red es de un carril por sentido, compartida con motos, camiones y pueblos que la carretera atraviesa por el centro. Cualquier traslado entre estas tres bases se mide en horas, no en kilómetros, y conviene contratar un conductor en lugar de conducir.

Por eso el error típico es intentar verlo todo desde una única base. Con tres noches en cada sitio y traslados de media jornada entre ellos, el viaje funciona; con desplazamientos diarios de ida y vuelta, se convierte en un viaje en coche.

Y hay una renuncia que conviene asumir de entrada: aquí no hay arena blanca, ni oferta gastronómica amplia, ni vida nocturna. Lo que hay es un mar transparente a diez metros del alojamiento, bancales sin vallar, montaña fresca y un coste que no se parece al del sur. Si eso te compensa, el resto de la isla te sobra.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Made For You · Flowtravel

Sofía Navarro empareja destinos con maneras de viajar, y dice también para quién no funcionan.