01 Un santuario y ningún otro

Lola ya Bonobo se describe como el único santuario del mundo para bonobos huérfanos. No uno de los pocos: el único. Está al sur del barrio de Kimwenza, junto a las Petites Chutes de la Lukaya, dentro del término de Kinsasa, y ocupa 30 hectáreas de bosque primario donde viven alrededor de sesenta animales.

Qué esperar de este viaje, medido en lo que le importa a quien viene por una sola especie.
Exclusividad del objetivo El único santuario de bonobos que existe
Calidad del encuentro 30 ha de bosque primario y unos 60 animales
Accesibilidad Dentro del término municipal; hay visitas y alojamiento
Fauna de gran escala No es sabana: no hay manadas ni grandes horizontes
Comodidad de la ciudad base 9.965 km², 24 comunas y distancias medidas en horas
Dependencia del mes De 2 mm en agosto a 247 en noviembre

02 Por qué solo puede estar aquí

La razón por la que el único santuario del mundo está a las afueras de esta ciudad y no en otro sitio es geográfica y no tiene vuelta de hoja. El bonobo vive únicamente al sur del río Congo y al norte del Kasai, en los bosques húmedos de la República Democrática del Congo. No hay poblaciones silvestres en ningún otro país.

Kinsasa está en la orilla sur. Brazzaville, enfrente, está en la orilla norte, que es territorio de chimpancé. Un santuario de bonobos allí no tendría sentido geográfico.

El santuario lo fundó Claudine André en 1994 y se trasladó a su emplazamiento actual en 2002. Ofrece visitas guiadas y alojamiento en cabañas dentro del recinto, lo que permite quedarse a dormir y tener la mañana entera, que es cuando los animales están más activos.

Dos bonobos junto al borde de un canal de agua: a la izquierda, uno sentado en cuclillas sobre el bordillo de hormigón, con el pelo negro peinado hacia atrás, orejas grandes y salientes y las manos juntas sujetando algo contra el pecho, mirando hacia abajo; a la derecha y en primer plano, otro de espaldas, con el hombro y el brazo ocupando el borde del encuadre y la cara girada hacia la izquierda mientras se lleva algo a la boca; el suelo alrededor es de hierba rala y tierra clara.
Dos de los residentes. El canal de agua funciona como límite: los bonobos no cruzan nadando, ni aquí ni en el río grande.Fanny Schertzer / Wikimedia Commons / CC BY 3.0·CC BY 3.0

03 Cómo repartir los días

El santuario ocupa un día entero, y lo ideal es que sean dos medios: llegar por la tarde, dormir allí y aprovechar la mañana siguiente. Con eso ya está cubierto el motivo del viaje, y quedan tres días para una ciudad que no se puede abarcar pero sí probar.

Un día para el río. La orilla de Kinsasa es donde el dato del bonobo se vuelve visible: al otro lado del agua está otro país y, en términos de primates, otro continente de comportamiento. Y hay que verlo desde aquí, porque desde enfrente el efecto no es el mismo.

El río visto desde una terraza con barandilla metálica que cruza el primer plano: el agua, lisa y de color acero, ocupa la mitad izquierda y se pierde en la calima hacia unas islas bajas del fondo; a la derecha, la orilla está cubierta de vegetación tropical densa, con palmeras y plataneras, y detrás se levantan dos torres gemelas cilíndricas de fachada acristalada aún en obras, con una grúa amarilla al lado; el cielo está blanco y sin sol visible.
La orilla sur, la del bonobo. Esa agua es el límite de la distribución de la especie, y también una frontera internacional.EdwinAlden.1995 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

Y un día para el campo, que aquí sigue estando dentro de la ciudad. Kinsasa es a la vez ciudad y provincia, ocupa 9.965 kilómetros cuadrados y solo unos 600 están urbanizados: el resto es sabana, valle y bosque, todo dentro del mismo límite administrativo.

Paisaje de sabana arbolada dentro del término municipal: en primer plano, un camino de tierra clara cruza la hierba alta y seca; alrededor se extienden praderas onduladas de tonos verdes y pajizos con árboles aislados de copa ancha y grupos de arbustos; al fondo, una línea de arbolado más denso y una loma baja, y sobre todo ello un cielo azul con nubes blancas y voluminosas.
Campo abierto sin salir de Kinsasa. El noventa y cuatro por ciento del término no está urbanizado.EdwinAlden.1995 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0·CC BY-SA 4.0

04 Las fricciones, sin adornos

La primera y más importante: consulta el aviso oficial de viaje de tu gobierno para este país antes de reservar nada, y vuelve a consultarlo antes de salir. Hay zonas del país con recomendaciones de no viajar, y dentro de la propia provincia de Kinsasa hay tramos y barrios concretos con restricciones. Este artículo se refiere a la ciudad y a su periferia inmediata, no al resto del territorio.

La segunda es el mes. Agosto es el mejor con diferencia: 2 milímetros de lluvia, 155 horas de sol y la humedad en su mínimo anual, 74 %. Julio es la alternativa, con cero días de lluvia registrados. Abril y noviembre son los meses a evitar: 238 y 247 milímetros en 17 y 16 días.

Y la tercera es de expectativas. Esto no es un safari. Vas a un centro de rescate de treinta hectáreas para ver una especie concreta en un bosque cerrado, no a una llanura con manadas. Si lo que buscas es el segundo formato, este destino te va a decepcionar y hay muchos otros que lo hacen mejor.

Si el perfil encaja, el argumento cabe en una frase: hay una sola especie de gran simio que vive en un solo país del mundo, y hay un solo sitio en el planeta dedicado a rescatar a sus crías huérfanas. Está a las afueras de esta ciudad, en treinta hectáreas de bosque, y puedes dormir dentro.

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SN

Sofía Navarro

Editora de Hecho Para Ti · Flowtravel

Sofía empareja viajeros con destinos, y dice cuándo no encajan.