Es un destino de nicho y conviene decirlo desde el principio. No hay industria turística, hay dos hoteles y un puñado de restaurantes, y el interés está en el paisaje y en la escala, no en la oferta.

01 Diecinueve kilómetros de circunferencia
El anillo litoral enlaza todos los distritos y concentra las casas, las tiendas y las escuelas, porque la franja fértil de la costa tiene entre 150 y 300 metros de ancho y no hay sitio para más. En total la isla suma unos treinta kilómetros de carretera.
La vuelta sin paradas se hace en unos veinticinco minutos. Con paradas es un día entero, y esa es la manera correcta de plantearla: una vuelta por la mañana para situarte, otra al atardecer para la luz, y las paradas repartidas entre medias.
El punto de partida natural es Yaren, en el sur, donde están el aeropuerto y las oficinas del país. Desde ahí, la costa este lleva a Anibare y la oeste a los brazos voladizos desde los que se cargaba el fosfato.
02 Lo que hay que ver está en el borde
La bahía de Anibare, en la costa este, es el arenal principal del país y el mejor sitio para bañarse, aunque el arrecife genera corrientes de resaca frecuentes: pregunta en el hotel antes de meterte. Junto a la bahía está el puerto pesquero, abierto en el arrecife en el año 2000.
El escarpe de Anibare, una línea de acantilados arbolados sobre la bahía, conserva la vegetación nativa mejor conservada de la isla y es zona de importancia para las aves: aquí está la mayor densidad de carricero de Nauru, un pájaro que no vive en ningún otro sitio del mundo.
El resto del anillo se recorre parando donde apetezca: columnas de coral emergidas junto a la orilla, tramos de arena, las estructuras oxidadas de la industria del fosfato en la costa oeste y la carretera pegada a la pista de aterrizaje en Yaren.

03 Arriba, la meseta
Desde el anillo salen pistas que suben a la meseta central, el Topside. Ahí está el paisaje que hace único a este destino: un campo de pináculos de caliza de hasta quince metros, con el terreno vaciado entre ellos, resultado de un siglo de extracción de fosfato que afectó a cerca del 80 por ciento del país.
No es un paisaje cómodo ni bonito en el sentido habitual, y por eso funciona: se ve poca gente, no hay señalización turística y la escala se entiende de golpe. Calzado cerrado con suela dura, agua y sombrero; la roca corta y no hay sombra.
En el mismo interior, el lago de Buada rompe la secuencia con tres hectáreas y media de agua, huertas y cocoteros. Es la única parte de la meseta que nunca se minó, y merece la parada larga del día.

04 Dónde se duerme y qué se come
El alojamiento se reduce a dos opciones: el hotel Menen, junto a la bahía de Anibare, con más de cien habitaciones, y un alojamiento pequeño de apartamentos en el noroeste de la isla. Conviene reservar con antelación porque la capacidad es limitada y buena parte se ocupa por trabajo.
Para comer hay restaurantes de pescado, cocina china y comida rápida en los comercios principales. La variedad es corta y los horarios, irregulares; funciona mejor si no llegas con una expectativa concreta.
Tres detalles prácticos que cambian el viaje: se paga en dólares australianos y las tarjetas se aceptan poco, el visado turístico se tramita normalmente por adelantado, y hay perros sueltos por toda la isla, algo que conviene tener presente si piensas caminar o ir en bicicleta.

05 Cómo armar dos días
Día uno: llegada y vuelta completa al anillo por la mañana para hacerte el mapa. Por la tarde, Yaren —el conjunto de oficinas, el museo nacional, la carretera junto a la pista— y baño en Anibare si el mar lo permite.
Día dos: subida a la meseta a primera hora, cuando aún no aprieta el sol, con el campo de pináculos y el punto más alto del país, que se queda en unos 65 metros. Después, bajada al lago de Buada, comida tranquila y segunda vuelta al anillo al atardecer.
Con una noche más, repite lo que más te haya interesado y añade la costa oeste, con las estructuras de carga del fosfato. Y ajusta las fechas al calendario aéreo: la aerolínea vuela una a tres veces por semana según la ruta, y eso decide cuántas noches duermes aquí.





