Abuya mes a mes — de un vistazo
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01 Un año partido en dos
Los momentos clave de un vistazo
1,3 mm en todo el mes, 278 horas de sol y noches de 17,7 °C.
Humedad del 44,4 %, el mínimo del año, con 35,2 °C de máxima.
308,3 mm en 17,3 días, con 88 % de humedad y 154 horas de sol.
37,3 °C de máxima media, la más alta del año, con la humedad subiendo.
La lluvia acompaña ese salto y lo amplifica. El total anual son 1.421,1 milímetros en 94 días, pero repartidos de forma brutal: de mayo a octubre caen 1.308, es decir el noventa y dos por ciento del año. En diciembre y enero, en cambio, caen 1,3 y 0,8 milímetros.
Los días de lluvia lo dicen aún más claro. Diciembre registra 0,0 días y enero 0,1; agosto registra 17,3 y septiembre 16. Dicho de otro modo: en diciembre, de media, no llueve ni un solo día del mes, y en agosto llueve más de la mitad de los días.
02 El calor va por libre
El mes más caluroso no es el más húmedo ni el más seco: es marzo, justo en la bisagra. Y ahí es donde se juntan las dos cosas malas.
La temperatura no sigue el mismo patrón que el agua, y ese desfase es la clave para elegir bien. La máxima media sube desde 35,2 grados en enero hasta un pico de 37,3 en marzo, y a partir de ahí baja: 32,9 en mayo, 29,5 en julio y 28,7 en agosto. Es decir, la temporada de lluvias es la fresca.
El resultado es un mes que concentra lo peor de los dos mundos: marzo. Tiene la máxima media más alta del año, 37,3 grados, y la humedad ya ha subido al 56,1 %. Abril lo sigue de cerca, con 35,6 grados y un 71,5 % de humedad, y ahí ya empiezan a caer 72,8 milímetros.
Las mínimas cuentan la otra mitad de la historia. En diciembre y enero bajan a 17,7 y 18,5 grados, lo que permite noches cómodas de verdad. En los meses húmedos se quedan entre 21,6 y 24,4, y con un 85 % de humedad esas noches no refrescan: es la parte que más se subestima al planificar.
03 El polvo del harmatán
La estación seca trae consigo un fenómeno que no aparece en la tabla y que conviene conocer: el harmatán, un viento continental que llega cargado de polvo. Su efecto característico es una calima seca que blanquea el cielo y reduce la visibilidad, precisamente en los meses en que no hay nubes.
Es una paradoja que descoloca a quien viene con la tabla en la mano. Diciembre y enero suman 278 horas de sol cada uno, pero eso no garantiza un cielo azul limpio: puede haber días enteros de luz blanca y difusa, con el horizonte borrado y las moles de granito reducidas a siluetas pálidas.

Para la mayoría de los viajes el harmatán es una molestia menor, y para algunos ni eso. Importa sobre todo si vienes por el paisaje o a fotografiar: las moles de granito de la zona pierden buena parte de su presencia cuando el aire está cargado. Si es tu caso, conviene mirar el parte de los días previos.
04 Qué mes elegir
La ventana buena es corta y muy clara: noviembre, diciembre y enero. Son los tres meses en que coinciden poca lluvia —9,7, 1,3 y 0,8 milímetros—, mucho sol —275, 278 y 278 horas—, humedad manejable —65,8 %, 50,9 % y 44,4 %— y noches templadas de 19,7, 17,7 y 18,5 grados.
Diciembre es probablemente el mejor de los tres, porque suma cero días de lluvia y una humedad del 50,9 %, a medio camino entre el bochorno del verano y la sequedad extrema de enero. Febrero todavía funciona en cuanto a agua —5,9 milímetros— pero la máxima media ya sube a 36,9 grados.

Los meses a evitar son de abril a septiembre, y por motivos que se acumulan. Abril y mayo juntan calor y lluvia; de junio a septiembre la precipitación va de 194,4 a 308,3 milímetros con hasta 17,3 días de lluvia, la humedad se instala entre el 84,7 % y el 88 % y el sol cae hasta las 154 horas de agosto.





