Quito mes a mes, de un vistazo
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Aquí el sol sale y se pone casi a la misma hora los trescientos sesenta y cinco días del año. Estamos a menos de veinticinco kilómetros de la latitud cero, así que el día dura doce horas en enero y doce horas en julio, y la temperatura tampoco distingue una estación de otra.
01 Doce horas de luz, todos los días
La consecuencia práctica de estar sobre el ecuador es que no hay días largos ni cortos. Amanece alrededor de las seis y anochece alrededor de las seis, en junio igual que en diciembre, con variaciones de pocos minutos.
Eso obliga a planificar distinto. No existe la tarde larga de verano: a las seis y media es de noche todo el año, así que las excursiones y las subidas a los miradores se organizan por la mañana.
Las temperaturas hacen lo mismo. Las máximas medias van de 20,1 grados en noviembre a 21,6 en agosto, y las mínimas de 8,1 a 9,0. Un grado y medio de recorrido en todo el año.
Los momentos clave de un vistazo
22 milímetros en 5,4 días de lluvia: el mínimo absoluto del año.
31,5 milímetros, el mes más cálido y el de más viento del año.
168,2 milímetros repartidos en más de veinte días de lluvia.
142,4 milímetros y 18,4 días con lluvia; tardes cerradas.
02 Lo único que cambia es la lluvia
El año se parte en dos temporadas que aquí se llaman verano e invierno, pero que no tienen nada que ver con la temperatura. El verano es la estación seca y va de junio a agosto; el invierno es la lluviosa y ocupa el resto.
Los números son contundentes. Julio suma 22 milímetros en apenas cinco días de lluvia y agosto 31,5 en seis. En cambio, abril llega a 168,2 milímetros repartidos en más de veinte días, y marzo a 142,4.
El patrón diario también es fiable: mañanas despejadas casi siempre, nubes que crecen sobre el Pichincha a partir de mediodía y lluvia de tarde. En la estación seca esa lluvia simplemente no llega.

03 Cuatro estaciones en una jornada
Lo que no cambia entre meses cambia dentro del día, y mucho. Una mañana puede empezar a nueve grados, subir a veintiuno al mediodía con sol directo y volver a doce a media tarde cuando entra el nublado.
De ahí la regla de equipaje que sirve todos los meses: capas, algo impermeable y ropa de abrigo ligera para la noche. Con el sol se va en manga corta; sin él, hace frío de verdad.
Y hay un factor que sorprende a mucha gente: la radiación solar. A 2.850 metros y sobre el ecuador, el índice ultravioleta alcanza valores extremos incluso con nubes altas. Se coge una quemadura seria en poco más de media hora.

04 La altura, la otra variable
Antes de mirar la lluvia conviene mirar el altímetro. A 2.850 metros, muchos visitantes notan fatiga, dolor de cabeza o sueño irregular durante las primeras cuarenta y ocho horas.
La recomendación es la de siempre y funciona: los dos primeros días, poco esfuerzo, mucha agua y nada de subir alto. La ciudad tiene cuestas empinadas en el casco antiguo, así que ya hay ejercicio incluido.
Si el plan incluye volcanes o el teleférico, que sube por encima de los cuatro mil metros, déjalo para el tercer día. Subir el mismo día de la llegada es la forma más rápida de estropear el viaje.
No hay estaciones que elegir: hay que elegir entre mañanas despejadas y tardes con agua.

05 Cómo elegir
La ventana clara es de junio a agosto, con julio como mejor mes del año: veintidós milímetros de lluvia, cielos abiertos y la mejor visibilidad para ver los volcanes desde la ciudad.
Si viajas en la mitad húmeda, de octubre a mayo, organiza los planes al aire libre por la mañana y deja museos e interiores para la tarde. Y lleva impermeable: aquí la lluvia llega con doce grados, no con veinticinco.



