Tegucigalpa mes a mes
Datos de la estación del aeropuerto de Toncontín recogidos por la Organización Meteorológica Mundial: unos 967 mm al año, medias de máximas de 25,4 a 30,2 °C y de mínimas de 14,3 a 18,2 °C. Es una de las capitales menos lluviosas de Centroamérica.
01 Una capital seca
Tegucigalpa recibe unos 967 mm de lluvia al año. Es una cifra baja para Centroamérica: bastante menos que Ciudad de Guatemala, y una fracción de lo que cae en la costa caribeña hondureña. La razón es la posición: la capital está tierra adentro, en un valle a 990 metros rodeado de montañas que le quitan la humedad antes de que llegue.
En la práctica eso da una estación seca casi absoluta. Enero deja unos 5,3 mm, febrero unos 4,7 y marzo unos 9,9, cada uno con uno o dos días de lluvia en todo el mes. Marzo es además el mes con más sol del año, con unas 270 horas.
La temperatura acompaña bien. Las máximas medias van de 25,4 °C en diciembre a 30,2 °C en abril, y las mínimas de 14,3 a 18,2 °C. La altura enfría las noches: el registro histórico más bajo de la ciudad es de 4,5 °C, así que en enero conviene llevar una capa de abrigo aunque el día sea de camiseta.

02 El interruptor de mayo
El cambio de estación aquí no es gradual, es un interruptor. En abril caen unos 43 mm; en mayo, unos 144. En cuestión de semanas el valle pasa de tener el monte agostado y el aire lleno de polvo a estar completamente verde.
La lluvia de temporada es de tarde y de tormenta. La mañana amanece despejada, los cúmulos se van formando sobre las montañas que rodean la cuenca y a media tarde descargan sobre la ciudad. Duran poco, caen fuerte y se van.
Ese patrón es perfectamente manejable para un viajero: organiza las visitas por la mañana y deja la tarde para interiores. Lo que no es manejable es lo que ocurre cuando la lluvia deja de ser de tarde y se queda días enteros.
03 Lo que pasó en 1998
A finales de octubre de 1998 el huracán Mitch se quedó sobre Honduras cinco días. A la capital no la golpeó el viento: la golpeó el agua acumulada de toda la cuenca alta, que bajó por el Choluteca y sus afluentes sin tener por dónde salir.
El río rebasó el puente Juan Ramón Molina y se lo llevó. Y en el cerro El Berrinche la ladera se deslizó arrastrando gran parte de la colonia Soto: los escombros cayeron al cauce y formaron un dique que embalsó el río e inundó las partes bajas de Comayagüela.
Aquello fue excepcional y no debe leerse como un pronóstico. Pero explica bien la lógica del sitio: aquí el peligro estacional no es el viento del Caribe, sino la combinación de laderas empinadas, suelos blandos y un cauce estrecho. De junio a noviembre, y sobre todo en septiembre y octubre, es cuando esa combinación se pone a prueba.
04 La pausa de julio
La temporada de lluvias no sube de forma continua: tiene dos picos y un valle en medio. Junio deja unos 159 mm, julio baja a 130, agosto se queda en 134 y septiembre vuelve a subir hasta 177. A esa pausa se la llama canícula en toda la región.
Su duración e intensidad cambian mucho de un año a otro, así que no sirve para planificar con precisión. Pero sí conviene saberlo: julio y agosto, que suenan a pleno invierno tropical, no son los peores meses del calendario aquí.
Los peores son septiembre y octubre. No solo por los milímetros, sino porque coinciden con el tramo de mayor actividad ciclónica en el Caribe, y lo que ocurre en el Caribe acaba bajando por estos ríos aunque el ciclón no pase nunca por encima de la ciudad.

Los momentos clave de un vistazo
Menos de 10 mm al mes, mucho sol y noches frescas.
El calor máximo y la entrada brusca de la lluvia.
Tormentas de tarde y la tregua relativa de la canícula.
El máximo de lluvia y el pico ciclónico del Caribe.
05 Veredicto
Ve entre diciembre y marzo. Si puedes elegir un mes, elige febrero o marzo: prácticamente no llueve, el sol es constante y las carreteras de montaña, que es por donde se sale de la ciudad hacia todo lo demás, están en su mejor estado del año.
El precio de esa ventana es un paisaje seco y polvoriento, sobre todo en marzo y abril. Si prefieres el valle verde, noviembre es un buen término medio: la lluvia ya ha aflojado a unos 42 mm y el monte todavía no se ha agostado.
Evita septiembre y octubre si tienes alternativa, y si no la tienes, viaja con margen: aquí lo que se interrumpe no son los vuelos, son las carreteras de montaña. Consulta el estado de las vías antes de cada desplazamiento largo y no cuentes con llegar a la hora prevista.





