Washington mes a mes, de un vistazo
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Hay ciudades cuyo mejor momento dura un trimestre. Aquí dura unos días, y ni siquiera se sabe cuáles hasta unas semanas antes: la floración de los cerezos del estanque del Mall se predice cada año como quien predice una cosecha, y de esa predicción depende medio calendario turístico.
01 Una fecha que cambia cada año
El pico de floración es el momento en que alrededor del setenta por ciento de los árboles están abiertos, y de media cae el 4 de abril. Pero la media engaña: según el invierno, puede adelantarse a la última semana de marzo o retrasarse hasta bien entrado abril.
Además dura poco. Desde que empieza a verse hasta que el viento y la lluvia se llevan los pétalos pasan menos de dos semanas, y el pico en sí se cuenta en días. Es la ventana más corta y más disputada del año en esta ciudad.
La consecuencia práctica es incómoda: hay que reservar con meses de antelación una fecha que nadie puede garantizar. Quien viaja solo por los cerezos asume una apuesta; quien viaja por la ciudad y los pilla, gana un premio.
Los momentos clave de un vistazo
Máximas de 20 grados y la ventana de los cerezos, corta y multitudinaria.
24,7 grados de máxima y la ciudad ya sin las colas de abril.
32 grados de máxima media, 110 milímetros de lluvia y bochorno constante.
20,8 grados, aire seco y color de otoño en los parques.
02 De dónde salieron esos árboles
No son autóctonos ni fueron plantados por casualidad. En 1912 la ciudad de Tokio regaló 3.020 cerezos, y el 27 de marzo de ese año se plantaron los dos primeros en la orilla norte del estanque. De ahí salió todo lo demás.
Hubo un intento anterior que salió mal. En 1910 habían llegado dos mil árboles que venían enfermos y con plagas, y hubo que destruirlos enteros antes de plantarlos. El envío de 1912 fue el segundo intento y sí prosperó.
Por eso la ciudad celebra la floración con nombre y programa propios cada primavera. No es solo un fenómeno botánico: es el aniversario de un regalo que tardó dos intentos en salir bien.

03 El verano es el problema real
La ciudad está construida sobre una llanura junto a un río y su verano es húmedo y pesado. Julio marca 32 grados de máxima media y 110 milímetros de lluvia; agosto va detrás con 31 grados. Las noches no bajan de 21 o 22.
A eso se suma el tipo de visita que exige esta ciudad: distancias largas al aire libre, explanadas sin sombra y museos a los que se llega caminando. En julio y agosto ese programa se vuelve agotador a media mañana.
Si tu única ventana es el verano, el ajuste es de horario: museos al mediodía, calle a primera hora y al final de la tarde. Y conviene contar con tormentas de tarde, que aquí son frecuentes y breves.

04 Octubre, el mes que casi nadie reserva
Si se pudiera elegir sin pensar en los cerezos, la respuesta sería octubre. Las máximas medias rondan los 20,8 grados, la humedad ha caído, la lluvia baja a 93 milímetros y los parques de la ciudad se llenan de color.
Es además una ciudad muy arbolada, con parques fluviales que atraviesan barrios enteros, así que el otoño no se limita a un par de avenidas: se ve desde casi cualquier calle residencial.
Y el invierno, aunque frío, tiene su versión útil. Enero apenas llega a 7 grados de máxima y baja de cero por la noche, pero es cuando los museos están vacíos y la ciudad se camina sin colas.
Es la única capital donde la mejor semana del año se anuncia con previsión meteorológica y margen de error.

05 Cómo elegir
Si vienes por los cerezos, apunta a la última semana de marzo y la primera de abril, reserva con mucha antelación y asume que la fecha exacta no se sabrá hasta pocas semanas antes. Es la época de más gente del año.
Si vienes por la ciudad, ve en mayo o en octubre: temperaturas de veinte y pico grados, humedad baja y todo abierto. Evita julio y agosto si puedes, y si no puedes, organiza el día alrededor del aire acondicionado de los museos.



