01 El día empieza cuando sale el sol

El mecanismo es sencillo de enunciar. El momento en que el sol asoma sobre el horizonte se considera las doce. A partir de ahí se cuenta de uno a doce hasta el anochecer, y luego arranca un segundo ciclo de uno a doce, de la puesta de sol al amanecer siguiente. Son dos ciclos de doce horas, igual que el sistema internacional, pero desplazados seis horas.

La conversión, en la práctica, se hace de memoria: a la hora internacional se le restan seis y ya está. Las 6:00 son las 12. Las 7:00 son la 1. Las 12:00 del mediodía son las 6. Las 18:00 vuelven a ser las 12, y empieza la noche. Es un sistema perfectamente coherente que solo choca con el de fuera.

Grúa torre recortada en negro a contraluz contra un cielo de atardecer que pasa del azul oscuro en lo alto al naranja intenso y al amarillo junto al horizonte: la pluma de celosía cruza el encuadre entero de izquierda a derecha, con el gancho colgando en el centro justo por delante del disco del sol, que ya toca la línea de las montañas; sobre la pluma, una banda de nubes algodonosas de bordes dorados; abajo, en sombra, se distinguen la estructura de un edificio en construcción, las siluetas de bloques de viviendas y una cadena de cerros oscuros.
La puesta de sol sobre la ciudad. En el sistema etíope, este momento no son «las seis de la tarde»: son las doce, y con él empieza el segundo ciclo del día.Jean Rebiffé / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

02 Por qué tiene sentido aquí

Lo que desde fuera parece una excentricidad, sobre el terreno es la opción razonable. Adís Abeba está a nueve grados de latitud norte, muy cerca del ecuador, y eso significa que el sol sale y se pone prácticamente a la misma hora los trescientos sesenta y cinco días del año. No hay días largos de verano ni tardes cortas de invierno.

A nueve grados del ecuador, el amanecer es la referencia más estable que existe. Contar desde ahí es más lógico que contar desde una medianoche que nadie ve.

En esas condiciones, poner el cero del día en el amanecer es más útil que ponerlo en la medianoche. La hora uno es siempre la primera hora de luz; la hora seis es siempre el mediodía; la hora doce es siempre el final de la tarde. El reloj describe la jornada real en lugar de una convención astronómica que aquí no se corresponde con nada visible.

Perfil de la ciudad visto desde una loma con hierba verde en primer término y una valla metálica de listones verdes y ocres cruzando el encuadre: en el plano medio, una masa de arbolado denso con palmeras y árboles de copa ancha oculta la base de los edificios; detrás se levantan una veintena de torres de oficinas y viviendas de distintas alturas, en gris, blanco y azul, varias de ellas todavía en obras, con tres grúas torre amarillas trabajando entre ellas; al fondo, una cadena de montañas azuladas cierra el horizonte bajo un cielo con grandes cúmulos blancos.
La ciudad a media mañana. En hora etíope esto son «las cuatro»: la cuarta hora desde que salió el sol.Simfan34 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0·CC BY-SA 3.0

03 Y el año va por 2018

El reloj no es lo único que no coincide. El calendario etíope tiene trece meses: doce de treinta días cada uno y un decimotercero, Pagumé, de cinco días —seis en los años bisiestos—. Y cuenta los años desde un punto de partida distinto del gregoriano, lo que produce un desfase de siete u ocho años según la fecha.

El año nuevo, Enkutatash, cae el 11 de septiembre —el 12 en los años bisiestos—, justo al final de la gran temporada de lluvias. De modo que un documento fechado aquí puede llevar un año que a ti te parece equivocado, un mes que no reconoces y una hora desplazada seis puestos. Todo correcto, y todo distinto.

En la práctica esto afecta menos de lo que parece, porque los billetes de avión, las reservas y los documentos oficiales para extranjeros suelen ir en calendario gregoriano. Pero explica muchas cosas que de otro modo desconciertan: por qué un cartel anuncia un año que no cuadra, o por qué las fiestas nacionales caen donde caen.

Vista aérea oblicua de la periferia de la ciudad: el suelo entre las manzanas es de un ocre pajizo, atravesado por decenas de caminos de tierra clara que serpentean entre parcelas; a la izquierda se alinean bloques de viviendas de cuatro y cinco plantas de color salmón y crema con cubiertas rojas, dispuestos en filas paralelas; en el centro y a la derecha, un tejido muy denso de casas bajas con techos de chapa gris y plateada, con algún grupo de eucaliptos oscuros; al fondo, el terreno se aclara en una llanura desnuda y todo queda velado por una calima parda.
Seis millones de personas organizando su día con un reloj que empieza al amanecer. No es una curiosidad de museo: es el horario que rige aquí.Francisco Anzola / Wikimedia Commons / CC BY 2.0·CC BY 2.0

04 Cómo se maneja

La regla práctica cabe en una frase: cada vez que cierres una hora con alguien, pregunta si es «hora etíope» o «hora europea». Es una pregunta normal, que la gente espera y responde sin problema, y resuelve el noventa y nueve por ciento de los líos. Hacerla cuesta tres segundos; no hacerla puede costar medio día.

Conviene también saber dónde rige cada sistema. Los aeropuertos, las aerolíneas y los hoteles internacionales trabajan en hora internacional. Los autobuses, los conductores, los mercados y la conversación cotidiana, con mucha frecuencia, no. Cuanto más local sea el trato, más probable es que la hora que te den sea la etíope.

Y hay una última manera de verlo, que es la que de verdad cambia el viaje. Un reloj que arranca al amanecer no es un error del que hay que defenderse: es una forma distinta de organizar el día, tan válida como la tuya y mejor adaptada al lugar donde estás. Entenderlo convierte el desconcierto en una de las cosas más interesantes que te vas a traer de aquí.

Evalua este articulo

Tu voto ayuda a priorizar que historias editar despues.

Sin votos todavia
LM

Lucía Montes

Editora de Vale la Pena Saber · Flowtravel

Lucía persigue el dato que cambia cómo miras un sitio.