Destino

En Galápagos, una sola isla ocupa más de la mitad del archipiélago

Isabela mide 4.586 kilómetros cuadrados de los 8.010 que suma todo el archipiélago: es más grande que todas las demás islas juntas. Y no es una isla, sino seis volcanes que la lava fue soldando.

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El borde y el fondo de la caldera de Sierra Negra, en el sur de Isabela: una llanura de lava que llega hasta la pared del otro lado.
El borde y el fondo de la caldera de Sierra Negra, en el sur de Isabela: una llanura de lava que llega hasta la pared del otro lado.Adavyd·CC BY-SA 4.0

Casi todo el mundo llega a Galápagos con un mapa mental de puntos: islas repartidas por el océano, cada una con su nombre y su fauna, todas más o menos equivalentes. El mapa real no es así. El archipiélago tiene 127 islas e islotes, de los cuales solo 19 superan el kilómetro cuadrado, y una de esas 19 se lleva la mayor parte de la tierra disponible.

Isabela mide 4.586 kilómetros cuadrados y unos 100 kilómetros de largo. El archipiélago entero suma 8.010. La resta es sencilla y el resultado no lo parece: una sola isla es más grande que todas las demás juntas. Entender eso cambia la forma de mirar el viaje entero.

01 La cuenta que no cuadra

Conviene detenerse en la proporción, porque la geografía habitual no funciona así. En un archipiélago normal la tierra se reparte con cierta gradación: una isla mayor, dos medianas, un rosario de pequeñas. Aquí la mayor se queda con el 57 % del total y el resto se reparte lo que sobra.

La consecuencia práctica es que la palabra «isla» significa cosas distintas según dónde estés. En Bartolomé o en Rábida, isla quiere decir un lugar que se recorre en una mañana. En Isabela quiere decir cien kilómetros de longitud, un pueblo con unos 1.700 habitantes en el extremo sureste y tramos de costa a los que no llega ninguna carretera.

Vista de satélite de las islas Galápagos sobre el océano, con una isla mucho mayor que las demás y una pluma de humo saliendo de la isla situada más al oeste
Isabela, la isla alargada del centro de la imagen, junto a Fernandina, la más occidental, en erupción. La diferencia de tamaño con el resto del archipiélago se ve de un vistazo.NASA image by Jeff Schmaltz, MODIS Rapid Response Team, Goddard Space Flight Center / Wikimedia Commons / Public domain  · Public domain

Esa desproporción no es un capricho del reparto: es la firma de cómo se hizo la isla. Isabela no creció como una unidad. Creció como seis.

02 Seis volcanes soldados

Los seis se llaman Ecuador, Wolf, Darwin, Alcedo, Sierra Negra y Cerro Azul, y están alineados de norte a sur. Cada uno levantó su propio edificio volcánico por separado, y las coladas sucesivas terminaron rellenando los espacios entre ellos hasta formar una sola masa de tierra continua. La forma resultante, alargada y con un gancho al norte, es la que se reconoce desde el aire.

De los seis, solo Ecuador se considera inactivo. Los otros cinco siguen vivos. El más alto es Wolf, con 1.707 metros, que además es el punto más elevado de todo el archipiélago y está situado justo sobre la línea del ecuador. Sierra Negra, en el extremo sur, entró en erupción entre el 26 de junio y el 23 de agosto de 2018.

Lo que se recorre en Isabela, entonces, no es una isla con volcanes dentro. Es un conjunto de volcanes que comparte una costa. La diferencia parece de matiz y no lo es: explica por qué la isla se comporta como si fueran varios lugares distintos.

03 La lava también separa

Lo que soldó los seis volcanes fue lava, y la lava, una vez fría, es una superficie durísima, sin suelo y sin agua. Para cualquier animal que se mueva despacio, esos campos son una barrera tan eficaz como un brazo de mar.

Superficie extensa de lava solidificada gris y agrietada, con matorral bajo en los bordes y algunas casas de una planta al fondo
Una colada de lava a las afueras de Puerto Villamil, en Isabela. Superficies como esta son las que unieron los seis volcanes y, a la vez, las que aíslan lo que hay a cada lado.Torbenbrinker / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0  · CC BY-SA 4.0

El resultado es visible en las tortugas gigantes. En Isabela hay poblaciones que viven libres en las calderas y las laderas de Alcedo, Wolf, Cerro Azul, Darwin y Sierra Negra, y el tamaño de la isla junto con su relieve acabaron generando subespecies distintas separadas por esos campos de lava. Una misma isla, varias tortugas.

Es la misma lógica que hizo famoso al archipiélago entero, aplicada dentro de una sola isla. No hace falta cruzar el océano para que dos poblaciones dejen de mezclarse: basta con veinte kilómetros de roca desnuda entre dos montañas.

04 El agujero grande

Sierra Negra es el volcán al que se puede subir con más facilidad, y también el que mejor explica la escala de la isla. Su cumbre está a 1.124 metros, una altura modesta, pero lo que hay arriba no lo es: una caldera de 7,2 por 9,3 kilómetros, orientada de suroeste a noreste, con apenas 100 metros de profundidad.

Es la mayor caldera de todos los volcanes de Galápagos y también la menos honda de las de Isabela, y esas dos cosas juntas producen un efecto raro: desde el borde no se ve un cráter, se ve una llanura negra que llega hasta la pared del otro lado. El volumen calculado del edificio, unos 588 kilómetros cúbicos, sitúa su edad en torno a 535.000 años.

La lista de erupciones históricas es larga —1911, 1948, 1953, 1954, 1957, 1963, 1979— y sigue abierta. La de octubre de 2005 emitió alrededor de 150 millones de metros cúbicos de lava, y la de 2018 duró casi dos meses. Nada de lo que se pisa allí arriba es antiguo.

05 El archipiélago está ordenado por edad

La segunda cosa que conviene saber es que el archipiélago tiene una dirección. Las islas se apoyan sobre la placa de Nazca, que se desplaza a unos 58 kilómetros por millón de años, y el punto caliente que las alimenta está hoy en el extremo occidental, junto a Fernandina.

Por eso las edades se escalonan. Española, en el sureste, ronda los 3,2 millones de años. Fernandina, en el extremo opuesto, apenas 50.000. El este es el pasado del archipiélago y el oeste es su presente: allí donde la tierra todavía se está haciendo.

Cactus del género Opuntia con palas espinosas creciendo sobre roca volcánica clara, rodeado de matorral seco y ramas sin hojas
Vegetación de la zona árida en Isabela, camino del volcán Darwin. Sobre lava reciente la cubierta vegetal es escasa y tarda mucho en cerrarse.Harvey Barrison / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0  · CC BY-SA 2.0

Esa ordenación también explica el aspecto de cada sitio. Las islas del este llevan millones de años erosionándose y son bajas, redondeadas, con suelo. Las del oeste son altas, negras y ásperas, con coladas que aún se distinguen unas de otras. Fernandina, la más joven, entró en erupción por última vez en 2024.

06 Cómo se lee una isla así

La primera consecuencia práctica es que en Galápagos las distancias engañan. Dos puntos de Isabela pueden estar en la misma isla y no tener ninguna conexión entre sí, porque entre medias hay un volcán activo y un campo de lava sin caminos. La isla grande no es la isla fácil.

La segunda es que conviene mirar el archipiélago de oeste a este, y no isla por isla. Con esa clave, cada parada deja de ser un lugar suelto y pasa a ser un momento distinto del mismo proceso: la tierra recién salida, la tierra colonizada, la tierra ya erosionada.

Y la tercera es la que más cambia el viaje. El 97 % de la superficie terrestre está dentro del parque nacional, declarado en 1959, y el 3 % restante es todo lo que ocupan los pueblos. Cuando entiendes que la isla mayor es seis montañas pegadas y que la mayor parte de ese territorio no se visita, la pregunta deja de ser cuántas islas vas a ver y pasa a ser cuál de todas ellas quieres entender.

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María Reyes

Editora de Destinations · Flowtravel

María Reyes busca la lógica física de cada lugar: por qué está donde está y qué explica su forma.

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  • BodyHarvey Barrison / Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0Source  ·  CC BY-SA 2.0