Se construye en las cumbres y se cultiva en los fondos.
A Yaundé la llaman la ciudad de las siete colinas, y el apodo se queda corto: el emplazamiento son tres pisos distintos sobre un zócalo de gneis precámbrico. Las carreteras y los edificios se quedan arriba, en las lomas de 600 a 700 metros. Los fondos húmedos —los élobis— se dejan para el agua y para la huerta.

01 Tres pisos, no siete colinas
La primera unidad es una barrera de inselbergs: cerros aislados de roca que sobresalen del terreno como islas. Al noroeste están los montes Mbam Minkom, de 1.295 metros, y Nkolodom, de 1.221; al suroeste, el monte Eloundem, de 1.159. La segunda unidad es el conjunto de lomas y mesetas de 600 a 700 metros donde se asienta casi todo lo construido. La tercera son los valles.

02 Los élobis
Los valles tienen nombre propio en la lengua del sitio: élobis. Son fondos encharcados, recorridos por multitud de cursos de agua pequeños —el Mfoundi, el Ékozoa, el Biyeme, el Mefou— y durante mucho tiempo se consideraron terreno inservible para construir.
Esa división es lo que hace que Yaundé no se parezca a ninguna otra capital de su tamaño. Desde arriba, lo construido aparece como islas sobre un fondo verde continuo, y ese verde no es un parque: es huerta, maizal y platanera dentro del término municipal. La ciudad y el campo no están separados por un límite, sino por una diferencia de altura de cuarenta metros.

03 Doce kilómetros cuadrados
El dato que mejor mide lo que ha pasado aquí es de superficie, no de población. En 1961 la ciudad ocupaba doce kilómetros cuadrados. En el año 2000, trescientos cuatro. Veinticinco veces más suelo en menos de cuarenta años.
Con ese ritmo, los fondos dejaron de ser terreno inservible. Los geógrafos que han estudiado la ciudad describen cómo la vivienda autoconstruida ha ido ocupando las partes inundables, precisamente porque son las que quedaban libres. Y eso trae la consecuencia previsible: hasta hace poco, la ciudad se inundaba con gravedad entre quince y veinte veces al año, afectando a veces a cien mil personas de golpe.
En 2010 se puso en marcha un plan director de saneamiento. Cuatro años después, la frecuencia de las inundaciones había bajado de quince a tres al año, y los casos de enfermedades transmitidas por el agua se habían reducido casi a la mitad. Es una obra invisible para el visitante y es la más importante de la ciudad.

04 El borde del bosque
Falta el dato que lo ordena todo, y es el más antiguo. El puesto original se estableció en febrero de 1888 en un punto muy concreto: el límite septentrional del bosque, y en medio de los dos grandes ríos de la zona, el Nyong y el Sanaga. La ciudad no está en la selva ni fuera de ella. Está justo en el filo.
Eso se nota al salir en cualquier dirección. Hacia el sur, la vegetación se cierra y no vuelve a abrirse en cientos de kilómetros; hacia el norte, se aclara. Y se nota también dentro: los élobis son, en el fondo, jirones de ese bosque metidos en la ciudad y reconvertidos en huerta.
El emplazamiento está a unos 750 metros de altitud y a 250 kilómetros de la costa del golfo de Biafra. La altura importa: rebaja el calor ecuatorial lo suficiente para que la media anual se quede en 24,4 grados, en un sitio que está a menos de cuatro grados del ecuador.
Al viajero le sirve una regla práctica. Si quieres entender la ciudad en una tarde, no bajes al centro: sube. Desde cualquiera de los altos se ve el mecanismo entero —lo edificado en las crestas, el verde en los fondos, y los inselbergs de fondo—, y a partir de ahí el resto de Yaundé se lee solo.




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